En la provincia de Alicante, más de 600 familias de acogida abren las puertas de sus casas a niños y niñas que, por distintas circunstancias, no pueden vivir con sus familias biológicas. Es una realidad silenciosa, pero esencial: ofrecer un entorno seguro a menores que han vivido situaciones de vulnerabilidad. Sin embargo, pese al crecimiento de estas familias en los últimos años, la demanda sigue siendo mayor que la oferta y muchos menores continúan creciendo en centros.