Espinitas de pescao

Tengo una imagen clavada en el alma, en la retina de mi niñez. La Campana vaciándose cuando la Hermandad de los Gitanos llegaba. Recuerdo a un cortejo solo, que avanzaba ante las sillas vacías, y a un nazareno moreno al que Sevilla le daba la espalda. A mí aquello me producía una pena terrible, tanto que desarrollé una irrompible devoción con esa cofradía a la que nadie parecía tener en cuenta, solo ese pueblo de bronce que andaba al ritmo de los nómadas. A ellos no les hacía falta nadie más que Él. Con los años aquella soledad cambió, y se hizo multitud, masa a la que acompañaba una voz que encendía las noches y acariciaba los amaneceres, una voz... Ver Más