La «madre» de la Sinfónica de Galicia dice adiós a las partituras tras 32 años de «trabajo invisible»

El éxito de la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG) tiene un secreto oculto entre miles de hojas de papel: el trabajo «invisible» de su archivera. Durante más de tres décadas, cada concierto de la Sinfónica pasó primero por sus manos. Antes de que los músicos levantasen los instrumentos o el director marcara el primer compás, Zita Tanasescu ya había trabajado durante días —a veces semanas— entre montones de partituras, lápices y anotaciones. Su labor no se ve desde el patio de butacas, pero sin ella la música no sonaría igual.