Fútbol y periodismo, pérdida de valores generacional y desconfianza mutua

La nostalgia es una mala compañera de viaje porque te aleja del único momento que puedes vivir, que es el presente. Sin embargo es humano sentir ocasionalmente nostalgia, sucede en algunos momentos en los que la realidad diaria no te gusta y se recuerdan momentos en los que las cosas eran diferentes. Hoy en día no infrecuente que entrenadores o aficionados e incluso periodistas, aquellos que llevan mucho tiempo en el mundo del fútbol, recuerden con cierta nostalgia otro tiempo. Lo hemos vivido sin ir más lejos con un técnico joven como Íñigo Pérez, el técnico del Rayo Vallecano. No estamos hablando de un entrenador maduro como pudiera ser Manuel Pellegrini, 72 años, o Javier Aguirre, el ex bermellón tiene 67. Hablamos de un entrenador que está empezando en Primera División y que además lo está haciendo muy bien, el técnico rayista, de 38 años, quien también fuera jugador del RCD Mallorca, se lamentaba de las cosas del fútbol moderno y reconocía que le gustaba otro fútbol, el que vivió antes. Recordaba a su amigo y mentor Jagoba Arrasate, quien en reiteradas ocasiones mostraba su disgusto por cosas del fútbol de hoy, sea el VAR, sean las cámaras en los vestuarios, etc. El propio Pérez iba por ahí también: "Casi todo recuperaría del fútbol de antes, sobre todo la exposición mediática, llevo mal esto de que entrenan las cámaras al vestuario, que se cuenten los eguundos para que un jugador salga sino hay penalización. La estabilidad que tenían antes los aficionados, ese aroma de antes. No soy muy mayor pero todos nos hemos criado yendo a un estadio, no tengo en contra de que se vea por televisión, la iniciativa de las camisetas retro va por ahí, momentos vividos, personas con las que hemos compartido los primeros momentos en el fútbol". Las relaciones en el fútbol.- Entre las cosas que más han cambiado en el fútbol está la relación entre equipos y afición, porque los equipos son búnkeres y los jugadores tienen contacto limitadísimo con la afición. No es que sea el caso del Mallorca, es el fútbol profesional. Otra de las relaciones que más han cambiado en el fútbol profesional es la relación entre los protagonistas del fútbol y los periodistas. Antiguamente el futbolista o el entrenador conocía el nombre del periodista, incluso con el tiempo la relación era mucho más cercana, en lo bueno y en lo malo. Tanto para preguntarte por la familia para bien como acordarse de tu familia para mal.  El trato era directo, podía ser más descarnado, pero había códigos y los códigos se respetaban, hablamos de valores. Si había algo que reprocharse se hacía a la cara. No pocas explicaciones se tuvieron que dar por un análisis poco favorecedor, también por alguna información inexacta, o que el protagonista calificaba como inexacta, o por algún error informativo también. Era un clásico el del jugador que nunca agradecía una buena nota en un partido pero de pronto le entraban ganas locas de hablarte al ver una nota negativa sobre su partido. Es la condición humana, un fútbol franco y directo, a veces descarnado, siempre auténtico, de persona a persona. Intereses y traiciones.- En un mundo en el que todo son intereses podía existir un conocimiento mutuo y una relación cercana. En una relación tan difícil, forzosamente generadora de tensión, porque a nadie le gusta ser juzgado en su trabajo y sin embargo el periodismo debe analizar, preguntar, criticar o elogiar lo bueno y lo malo. Forzosamente habrá tensión entre protagonistas y analistas, es lo normal. Siempre he pensado en que la diferencia es desde dónde se hace esa crítica, si desde el respeto, el conocimiento y la honestidad, destacando tanto positivo como negativo, o desde una posición destructiva, irrespetuosa o falta de conocimiento. El periodista debe analizar sin necesidad de quedar bien pero tampoco de destrozarlo todo, ambas cosas son impostoras de la labor periodística. La amistad condiciona el juicio, la enemistad también. Todos los que nos hemos dedicado a esto hemos podido caer en ambas. Lo honesto es reconocer que el error, como el futbolista, entrenador o dirigente honesto que deben reconocer errores, el periodista también. Sobre todo para ser honesto con uno mismo. La nostalgia de la que hablábamos al principio es al comprobar que hay códigos que han saltado por los aires. Sería una generalización estúpida hablar de esto como algo estandarizado. No es así, pero no es menos cierto que hoy no existen los valores de antes, tampoco en este mundo del fútbol. Demichelis lo ha sufrido porque en River Plate vivió una de las peores traiciones, el no respetar una conversación privada. El otro día, Demichelis vio también cómo alguien traicionaba la confianza, en concreto un jugador suyo traicionaba la confianza de un periodista. Pero lo que indignó al técnico fue lo que él consideraba como intromisión en su trabajo. El periodista defiende que hacía su trabajo. En todo caso, el periodista quedó expuesto públicamente, algo que nunca gusta. No es algo nuevo, el fútbol está lleno de ejemplos de técnicos que quieren hacer fuerte su vestuario, nosotros aquí y ellos ahí. Luis Aragonés soltaba perlas diarias en sus comparecencias y era frontal con el periodista. Luis Enrique es igualmente desafiante y defiende lo suyo como considera oportuno, en confrontación con el periodista, porque es como se siente cómodo. El fútbol está lleno de ejemplos. No entraremos en el caso particular que ocupa a sus protagonistas, pero cuando hablamos de pérdida de valores también hablamos de esto. Cuesta entender una traición de este tipo, tiene que ver con esa pérdida de valores que urge recuperar, porque sin valores no hay una sociedad sana, en este caso son situaciones que hacen daño. Martín Demichelis no quiere injerencias en la gestión de vestuario y defiende su territorio, el periodista defiende sus intereses en busca de información. La diferencia que ofrece este caso es la traición de un jugador a la confianza, supuesta confianza con un periodista. Como antiguamente era impensable que una conversación privada fuera utilizada o que saliera a la luz, dejando en evidencia a quien había confiado en una conversación honesta, también era impensable que un jugador vendiera al periodista de esta manera. Desconfianza mutua.- Cuando hablamos de "fútbol bunkerizado" también hay gran parte de responsabilidad de cierto periodismo, irrespetuoso, amarillista, populista, falto de rigor y de valores, que ha dañado mucho la relación entre clubes y periodismo, también a la profesión. Eso ha alejado la información de los equipos. Es una desconfianza mutua por desgracia la que hay. Antiguamente los medios presenciaban todo el entrenamiento, incluida la táctica, el entrenador pedía que no se grabara en ese momento la táctica y la estrategia, con eso bastaba. Hoy sería impensable. Ha habido una degradación con el periodismo del todo vale, más si cabe al contar con las herramientas de las redes sociales, la necesidad de inmediatez, de sacar todo lo posible para tener impacto y visitas. No estamos defendiendo la bunkerización, estamos hablando de la pérdida de valores que lleva a una pérdida de confianza mutua. El último caso referido no es sino el reflejo de esa pérdida de valores.