Cope Zaragoza
Extremadura se enfrenta a una paradoja: es una potencia energética que produce 31.000 GWh anuales, siete veces más de lo que consume, pero su red eléctrica está saturada casi por completo. Con una capacidad copada que supera el 90 por ciento en Badajoz y al 80 % en Cáceres, la infraestructura, diseñada históricamente para evacuar energía, puede frenar ahora la llegada de nuevas industrias y centros de datos. Esta limitación técnica ya tiene consecuencias directas. Actualmente, hay cinco grandes centros de datos con una inversión que ronda los 15.000 millones de euros y la promesa de miles de empleos de alta cualificación que tienen intención de instalarse en Extremadura, pero hay un gran obstáculo: faltan nudos de conexión. El catedrático de Ordenación del Territorio, Julián Mora Aliseda, califica esta situación como un modelo neocolonial donde Extremadura es un territorio de despiece. "Producimos casi 7 veces más de lo que consumimos, y toda nuestra energía acaba utilizando los cables de alta tensión para irse a otras comunidades que no son productoras", explica el experto. Según Mora Aliseda, este sistema es "el modelo de la sangría demográfica y del atraso económico", ya que el potencial se va por los cables y, tras ellos, los jóvenes. Es, en sus palabras, "el círculo vicioso de la pobreza" que frena el desarrollo de la región y la obliga a exportar su mayor riqueza sin obtener un retorno industrial. La inversión prevista por Red Eléctrica agrava la brecha. De los 6.130 millones de euros para mejorar la red nacional, a Extremadura solo llegarán 200 millones, un 1,4% del total, mientras que el País Vasco recibirá el 15%. Este desequilibrio ha llevado a voces como la del CEO de Iberdrola, Mario Ruiz-Tagle, a pedir que se ajuste el calendario de cierre de las centrales nucleares, como la de Almaraz, para garantizar la estabilidad. Ante este colapso de la red, el sector coincide en la solución. "El reto ahora no es instalar más potencia, sino desarrollar almacenamiento energético", como señalan los analistas. Extremadura, que ha batido en 2025 su récord de generación verde con 16.413 GWh, necesita esta tecnología para gestionar los excedentes y garantizar el suministro. Aquí entran en juego las baterías a gran escala. Proyectos como el de Iberdrola en Alcántara y Cedillo buscan dar estabilidad al sistema y evitar el riesgo de apagones, almacenando la energía sobrante para usarla en horas sin producción. El coste de esta tecnología ha bajado de forma importante, lo que ha acelerado su implantación. Jaime Salazar, de Exera Energía, explica que estas baterías son cruciales, ya que pueden simular la estabilidad que aportan las centrales tradicionales mediante electrónica de potencia. Según Salazar, "va a ser un elemento esencial para la estabilización y la optimización de la red eléctrica a nivel nacional". Para Julián Mora Aliseda, atraer industrias electrointensivas y centros de datos supondría una auténtica revolución para Extremadura. "Nos va a permitir dar el salto que nunca hemos tenido", afirma, describiendo un escenario casi cuántico que permitiría combinar la riqueza natural con la economía digital y atraer talento de alta cualificación a la comunidad.
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