Diario CÓRDOBA
Hoy se me ha colgado un abalorio más, y ya van cuarenta y ocho. Últimamente, cada vez que un abalorio se me cuelga encima, otros atributos corporales se me van descolgando. Mi figura, el pelo, mis párpados, las tetas, todo cae por mucho que me empeñe en mantenerlo arriba. Normalmente, cumplir años nos pone frente al espejo para recordarnos que estamos. Este último, además, me ha pillado en plena metamorfosis. Estoy mutando de cisne blanco a reina destronada. De cisne a reina, sin apellidos. Me encuentro ahora mismo en una etapa de mi vida donde mi estrógeno y mi progesterona están librando una batalla campal, de cuento épico. A ver lo que dura la partida.
Go to News Site