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El calendario postelectoral sigue su curso en Castilla y León tras las elecciones del pasado 15 de marzo. El candidato del Partido Popular, Alfonso Fernández Mañueco, ya ha completado la primera ronda de contactos con el resto de grupos parlamentarios, unas reuniones que el portavoz popular, Carlos Fernández Carriedo, ha calificado de "muy intensas e interesantes". Desde el PP aseguran tener "la mano tendida" y agradecen la "voluntad de diálogo", aunque lamentan la autoexclusión del Partido Socialista. Esta primera ronda de contactos se interpreta como "un mensaje que nos transmiten los políticos más hacia afuera, que no avances hacia adentro", según ha explicado Pedro Villanueva, politólogo. Superada esta fase de escenificación, en la que cada partido ha marcado sus líneas rojas, la negociación entra ahora en una segunda etapa mucho más decisiva, la que algunos analistas denominan la "habitación llena de humo". Ahora es donde se va a gestionar y gestar "quién gobierna, cómo, quién pone condiciones, quién toma la iniciativa y sobre todo quién quiere liderar todo este proceso". No solo están en juego las consejerías, sino también un gran número de puestos en direcciones, subdirecciones o portavocías de comisiones que son clave para controlar el poder. En este escenario, el papel de los partidos con menor representación como UPL, Soria Ya o Por Ávila es de "bisagra limitadísima". Aunque Mañueco busca su apoyo para proyectar una mayor "legitimidad política" y estabilidad, estos partidos no tienen la llave de la gobernabilidad. Su capacidad de presión es casi nula, especialmente en el caso de aquellos que, como UPL, no pueden conformar un grupo parlamentario propio. Con la fecha del 14 de abril como límite para un acuerdo, el margen de maniobra comienza a estrecharse. El Partido Popular, que "ha salido muy, muy, muy reforzado de esta convocatoria electoral", tiene una posición de ventaja. Los analistas coinciden en que un pacto es inevitable, ya que ambas formaciones están obligadas a entenderse para cumplir con el mandato de las urnas. El coste político de no hacerlo es grande, sobre todo en este caso para VOX, no para el PP. La formación de Santiago Abascal afronta la negociación con la presión de no haber obtenido el resultado esperado, lo que facilita la estrategia negociadora de Mañueco.
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