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Cuando uno lo lleva dentro, antes o después sale. Y ella lo tenía ahí, guardado, porque en su memoria siempre ha estado grabada la imagen de su padre haciendo bocetos, dibujando esbozos o pintando obras. Y después de una larga carrera en la Conselleria de Educación, en 2018 decidió tomarse en serio su pasión. Cuenta que comenzó clases en la escuela de Remigio Soler y que le dijo que empezara pintando flores. Y ella dijo que no, que a ella le gustaban los animales y que era lo que iba a hacer. Y así surgió una cebra que el profesor tuvo que reconocer que estaba muy conseguida, y después un tigre, y después un elefante, y más tarde unos gorilas. Y quiso probar con otras cosas, retratos humanos, collages o carteles, y explorar nuevas técnicas, además del óleo, como el acrílico, el pouring, la cerámica o la ilustración digital.
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