ABC
Uno, que nunca ha sostenido en las manos una medalla olímpica, se ve abrumado por la responsabilidad cuando Oriol Cardona le pide que le aguante las dos que ganó en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina mientras termina la sesión de fotos. Pesan bastante más de lo esperado, y enseguida se imagina el orgullo que debe sentir su dueño al poseerlas. Ha pasado algo más de un mes desde que Cardona (Bañolas, 31 años) subió al podio por partida doble en el Bormio Ski Centre: oro en el sprint individual de esquí de montaña , bronce en el relevo mixto, junto a Ana Alonso. Sin duda, el periodo más intenso de su vida. Entrevistas, homenajes, eventos, vuelta a la competición… Aún con cosas por contar, saca un rato para visitar ABC y reflexionar sobre lo conseguido y lo que aún está por venir. Defina en pocas palabras el último mes de su vida. Ha sido todo muy intenso. No estaba preparado ni era consciente de la repercusión que podían tener los Juegos. Yo tenía muchas ganas de luchar por un oro olímpico y estaba preparado para hacerlo, pero todo lo que ha venido después ha sido muy nuevo. Me ha sorprendido mucho la acogida que ha tenido aquí el resultado y nuestro deporte. Ha sido conmovedor ver que todo el mundo se ha emocionado y lo ha vivido de una forma similar a como lo hemos vivido nosotros, los deportistas. Uno visualiza el momento de ganar, no las consecuencias. Exacto. Cuando volvimos a España vimos la repercusión que había tenido y realmente nos dimos cuenta de lo que habíamos conseguido. Está siendo muy bonito. Para nosotros es muy importante tener esta visibilidad y este altavoz que han sido los Juegos para enseñar al mundo que existe este deporte, el esquí de montaña. Era una oportunidad única para darlo a conocer y creo que lo hemos conseguido. ¿Se reconoce cuando oye: 'Oriol Cardona, campeón olímpico'? ¿Se lo cree ya? Poco a poco lo voy digiriendo y cada vez se vuelve más real. También ha pasado ya tiempo desde la competición y todo va volviendo a la calma. Recuerdo que terminé la carrera sabiendo que había ganado, pero fue por la noche cuando volvía del hotel donde estaba mi familia cuando pensé: 'Acabas de ganar unos Juegos Olímpicos'. Ahí fui más consciente. En estas semanas habrá parado poco por casa. Sí, he estado mucho en Madrid. Apenas había venido tres veces en toda mi vida. ¿Lo paran por la calle? ¿Lo reconocen? En mi entorno, sí. Donde vivo mucha gente lo ha seguido y noto ese interés. Pero es positivo. Es un paso adelante para mí. Mi vida no va a cambiar nada por esto. Dijo que la felicitación de Pau Gasol era la que más ilusión le había hecho. ¿Alguna otra que le haya llegado y sorprendido? Una curiosa fue la de la chica que me alquila el apartamento en Font Romeu, que no tiene nada que ver con el deporte. Pero, bromas aparte, muchísima gente me ha felicitado y estoy muy agradecido por todos los mensajes que he recibido, aunque todavía no he respondido a la mayoría. ¿Es cierto que en los días previos a la competición no se encontraba del todo bien? Así es. Las dos o tres semanas antes de los Juegos, entrenando, no me sentía muy fino. Tenía cinco entrenamientos de intensidad y solo tres fueron buenos; de hecho, solo uno fue realmente bueno. Y empiezan las dudas. Si te has pasado entrenando, si estás cansado o si llegarás justo... Eso fue hasta unos cinco días antes de la carrera. El día de la carrera, en cambio, me sentí muy bien, relajado y tranquilo. Ese día no tuve ninguna duda. ¿Llegó a pensar en lo peor que podía pasar en los Juegos? Sí. Soñaba por la noche con ganar la carrera y también lo pensaba durante el día. Pero también pensaba en no hacerlo: en un fallo técnico, en no encontrarme bien físicamente o en que alguien me pasara. Le di muchas vueltas a qué pasaría si hacía segundo. No sé si estaba preparado para eso, porque iba con expectativas muy altas y con muchas ganas de ganar. ¿Hacer segundo era el peor escenario que imaginó? Sí. Soy consciente de que quizá no es lo mejor pensar así, pero para mí todo lo que no hubiera sido ganar ese sprint habría sido una decepción. Evidentemente, una plata olímpica es un resultado excepcional, pero con mi historial de los últimos cuatro años, ganando campeonatos del mundo, de Europa y copas del mundo… Yo iba con ganas de hacer lo que había hecho durante tanto tiempo. No hacerlo habría sido un golpe duro. ¿El bronce en el relevo mixto fue un golpe duro? Un poco sí. Hay imágenes en la meta en las que estoy sensible. Fue una mezcla de emociones. Por un lado, contento por mantener el tercer puesto mientras esperábamos una posible penalización, pero también triste porque pensaba que podríamos haberlo hecho mejor. Creo que éramos un equipo que podía luchar por el oro y no fue así. De todo lo que vivió en Bormio, ¿qué momento recuerda con más cariño? Dos momentos de extrema felicidad. Cruzar la meta del sprint, mirar atrás y ver que tenía el oro asegurado, con toda la grada delante. Fue único. Y justo antes de subir al podio, cuando dijeron mi nombre. Me sentí extremadamente feliz. También los ratos con mis entrenadores, mi pareja y mi familia después de la carrera. ¿Cómo explicaría a los urbanitas la conexión tan especial que llegan a tener con la montaña? Es una conexión que no siempre es bonita. La montaña te da muchas cosas positivas, es un entorno privilegiado, pero también puede ser solitario y duro. A veces entrenas solo en mitad de la nada, con condiciones difíciles. Pero poder hacer deporte en un entorno así es un privilegio. Es la mezcla de naturaleza y deporte, y a mí me encanta disfrutar de la montaña cada día. En este mes ha vivido entrevistas, homenajes… ¿Qué le ha parecido más extraño de todo lo que le sucedía? No estamos acostumbrados a tanta exposición mediática ni a eventos institucionales. Por ejemplo, momentos en la tele o el encuentro con el Rey. Son cosas que no esperaba. Pero también es un reconocimiento, y se agradece mucho el cariño. Le leo algunos comentarios en las redes al vídeo de la final del relevo mixto: 'la mayor barbaridad del mundo', 'se me saltan las lágrimas por un deporte que hace una semana no conocía', 'esta prueba agota solo de verla'... . Aparte de decenas de 'inmensos', 'máquinas', 'grandes'... La disciplina ha calado. Eso me emociona mucho. Ver que la gente lo ha vivido con tanta intensidad me llena, porque no esperaba algo así. Que tantos se juntaran para vernos correr, en televisión o en directo, y que lo vivieran incluso más que nosotros es algo único. Algunos dicen que el esquí de montaña es mucho más de lo que se vio en los Juegos y que faltan pruebas más largas. Hay gente que está en contra de que el esquí de montaña esté en los Juegos o de las disciplinas que se eligieron, pero la visibilidad ha sido muy grande. El deporte, como la vida, consiste en adaptarse. Hace años se decidió apostar por disciplinas más visuales como el sprint o el relevo. Yo me adapté, aunque antes hacía carreras más largas. Y nosotros siempre podemos seguir entrenando en la montaña y mantener esa esencia. ¿Cuántos días ha esquiado desde los Juegos? Muy pocos. Cinco o seis días. Estuve unos doce días sin esquiar después del relevo y luego empecé poco a poco. Después de lograr el gran objetivo, ¿aparece el vacío? Sí. Después de los Juegos hubo un momento de vacío, de falta de motivación, de preguntarte: '¿y ahora qué?'. Fue un bajón que me duró dos o tres días. Es normal después de algo tan grande, cuando descargas toda la adrenalina. ¿Qué objetivos tiene ahora? Quiero terminar la temporada, aunque no esté muy fino. Y me gustaría seguir cuatro años más y vivir otros Juegos. Es una experiencia muy bonita que me gustaría repetir. ¿Se ve entonces en los Alpes? Lo voy a intentar. Cuatro años tampoco es tanto tiempo. ¿Cómo se coordina con tres entrenadores diferentes? Es una situación particular porque están en lugares distintos y coincidimos poco. Entreno siempre solo. Nos reunimos por videollamada cada cierto tiempo para planificar y también hay seguimiento diario. Con Víctor López y Andrés Arroyo llevo seis o siete años; con Kilian Jornet, dos o tres. De todos he aprendido mucho. Sobre lo de entrenar solo, supongo que los días en los que está enfermo o las fuerzas no acompañan cuesta no tener a alguien que le escuche o que le entienda. Sí. Los días en que hace mal tiempo, no te encuentras bien y tienes que salir a entrenar solo. Ahí cuesta más. Pero intento sacar la motivación de otras maneras. Apostó por el deporte muy joven. A los 20 años. Había trabajado dos veranos como ayudante de bombero en campañas forestales, pero decidí centrarme en el esquí de montaña, que entonces era un deporte con poca proyección económica. Fue una apuesta a ciegas durante muchos años que al final ha dado sus frutos. ¿Se imagina qué estaría haciendo ahora si no hubiera tomado esa decisión? No tengo ni idea. Ya me hice esa pregunta en su momento y tampoco supe responderla. Su vida en Font Romeu es muy austera: comer, dormir y entrenar. Sí, es muy simple y básica. Me gusta esa rutina, pero a veces piensas en lo que te estás perdiendo ahí fuera. Falta una parte más social de la vida, pero si quieres luchar por un objetivo así tienes que sacrificar cosas. ¿El dopaje es algo presente en su deporte? A mí y a mi entorno nos queda muy lejos. No sé si ha habido casos en esquí de montaña. En el deporte en general creo que tiene que estar controlado y regulado. ¿Tiene que estar localizado a diario? Sí, desde hace muchos años tengo que indicar dónde voy a estar a una hora concreta. A veces se te puede olvidar, si cambias planes. De hecho, el verano pasado tuve una falta porque cambié de planes a última hora y no actualicé la aplicación. ¿Esas cosas pasan realmente? Yo me considero una persona organizada, pero es verdad que se te puede olvidar. Yo me fui al País Vasco, de un día para otro y no me acordé de cambiarlo. Justo ese día vinieron y estaba lejos. Y claro, por eso hay deportistas que han llegado a dar positivo. Yo en mi caso lo entiendo, pienso que serán como yo, que se habrán olvidado. No pienso mal de ellos. ¿Hay algo que se le dé tan bien como el esquí de montaña? Correr carreras por montaña. Hace dos o tres años que no compito y me gustaría volver a hacer alguna. ¿Y algo que se le dé muy mal? Bailar. No tengo ritmo.
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