La Opinión de Málaga
Todo arranca con un gesto sencillo y poderoso: cruzar la puerta de Santiago que mira a salida del sol. A partir de ahí, el espectador entra en un espacio donde la luz, la música y la palabra construyen una atmósfera mística, casi teresiana, que invita no solo a mirar, sino a sentir y a cuestionarse.
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