La Opinión de Málaga
El 28 de marzo de 1942 moría en la cárcel alicantina el poeta y dramaturgo oriolano Miguel Hernández Gilabert. A caballo de las generación del 27, de la que Dámaso Alonso decía era el epígono, y del 36, vivió una de las etapas más dinámicas y revolucionarias de la cultura española. Eran los años 20 y 30 de una España en plena ebullición, donde confrontaba el pasado y la promesa de un futuro democrático que cuajó en la II República.
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