ABC
Cuenta la leyenda que Carlos V y su esposa Isabel de Portugal pasaron la noche de bodas aquel 11 de marzo de 1526, de la que se ha cumplido recientemente el quinto centenario. Sin embargo, aquel escenario que conoció el Emperador no es exactamente el mismo que el que vemos en la actualidad. El Cenador del Alcázar que lleva el nombre del monarca más poderoso de todos los tiempos parte de un 'mestizaje' arquitectónico y cultural de 1543. Es decir, casi 20 años después de aquel enlace. Según el proyecto arquitectónico para la restauración de este pabellón de jardín, fue el arquitecto Luis de Vega quien reformó este espacio que hasta entonces era una 'qubba' mulsulmana que siempre se dijo que estaba dedicada a los ritos funerarios del palacio que en su día levantó Al-Mutamid. Los investigadores creían, hasta que las recientes catas arqueológicas demostraron lo contrario, que el Cenador estaba justo encima de la necrópolis islámica. Concretamente, sobre la 'rawda' o cementerio de la familia real almohade. Lo que apareció realmente en las prospecciones que se han hecho en estos años previos a la rehabilitación del conjunto es una «qubba cuadrangular abierta a sus cuatro lados». Los muros de esta estructura original se encuentran enterrados a «dos metros y medio bajo el suelo actual». Es decir, que lo que hoy vemos es una reinvención renacentista sobre una base islámica preexistente. La investigación arqueológica de Miguel Ángel Tabales revela que el edificio actual es una versión «reducida» o transformada de la estructura islámica. Los restos de la estructura original y sus niveles fundacionales se han localizado a «dos metros y medio bajo el suelo actual». Según los indicios de muros y «ventanucos cegados» hallados, el edificio andalusí era «mucho mayor y más esbelto que el actual». Estaba rodeado de un complejo sistema hidráulico. La 'qubba' presidía un paisaje de «reflejos, visuales y conexiones» con el agua y la vegetación. Se define como un «pabellón de recreo» o «templete» diseñado para el disfrute del jardín, un concepto que los cristianos mantuvieron y adaptaron siglos después. Por eso mismo, dudan que fuera un lugar para ritos funerarios. Los maestros que trabajaron en el nuevo edificio que debía conmemorar el enlace matrimonial del emperador utilizaron símbolos del poder de Carlos V. Así, los azulejos de los «hermanos Polido» recogen el imaginario del Imperio: águilas imperiales, el lema 'plus ultra' y el busto del propio Carlos V. Como curiosidad, pese a su perfección visual, el proyecto al que ha tenido acceso ABC revela que son piezas artesanales que «no se ajustan a un trazado geométrico definido», lo que otorga a cada azulejo un valor único e irrepetible.
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