Cayetana, afición taurina con título nobiliario
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Cayetana, afición taurina con título nobiliario

La Fiesta Nacional fue una de las grandes pasiones de Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, de la que este sábado 28 de marzo recordamos el centenario de su nacimiento. Era habitual verla en las plazas, ya fuera en una barrera, en una grada, o en el mismo palco de la Maestranza de Sevilla, siempre apoyando al mundo taurino con su mera presencia. Su melena aleonada delataba en un solo vistazo su visita y fueron muchos los toreros que le brindaron sus faenas. Cayetana fue siempre abanderada del estilo sevillano. Normal en una persona que desde muy pequeña supo conjugar las responsabilidades propias de sus títulos con un profundo conocimiento del mundo artístico en todas sus vertientes. Sabía reconocer el genio no sólo en la pintura o en la música -el flamenco fue otra de sus grandes aficiones- sino también en una verónica sobre el albero de la Maestranza. Así disfrutó con la dinastía de los Vázquez en la figura de Pepe Luis Vázquez, «un amor platónico» según relató en sus memorias, y su hermano Manolo; con el también diestro sevillano Manolo González , y por supuesto con la amistad inquebrantable de Curro Romero . La duquesa era una artista y como tal, reconocía el genio en la profunda y a la vez grácil maestría de estos figurones del toreo. Los Litri , tanto el padre como el hijo, fueron también dos matadores muy cercanos a la duquesa. Tal fue su pasión por esta fiesta que ejerció de perfecta embajadora cuando personalidades de relevancia mundial visitaban España. Archiconocidas son las imágenes de la duquesa vestida de mantilla en los toros con Grace Kelly , princesa de Mónaco, o Jackie Kennedy , ya viuda del presidente norteamericano. Y no dudó en apoyar siempre la Fiesta cuando el mundo del toro se veía atacado por algún gobierno del color político de las muletas. La vida la llevó a vivir, de pequeña y adolescente, en diferentes ciudades de Europa, bien acompañada por su padre tras la muerte de su madre cuando María del Rosario Cayetana tenía tan sólo 8 años, bien en casa de familiares o en colegios e internados. Su cultura fue vasta y políglota, pero al igual que se paseaba por el Támesis o los Campos Elíseos de París, donde más disfrutaba era en su amada Sevilla, donde pasó los momentos más bellos de su vida. Amante del campo, y especialmente del campo bravo, fue también una consumada amazona y aprendió a rejonear de la mano de los hermanos Peralta. En el archivo audiovisual de Canal Sur se conservan unas bellas imágenes de la duquesa montando a caballo vestida de corto, acompañada en una fiesta campera de su marido Luis Martínez de Irujo y sus dos hijos mayores, aún pequeños, Carlos y Alfonso. Junto a ellos, el torero, empresario y apoderado Victoriano Valencia. Vínculos familiares la unieron a la familia Rivera tras el noviazgo y posterior boda de su única hija, Eugenia, con Francisco Rivera Ordóñez, a quien siguió incondicionalmente a lo largo de su carrera hasta que el matrimonio hizo aguas y la relación se enfrió. También a su hermano Cayetano, con quien mantuvo una relación de afecto y cariño hasta el fin de sus días. De hecho, en 2011 y ya con los preparativos de su boda con Alfonso Diez en marcha, sorprendió a los aficionados con el diseño de un traje de torear para el diestro con ocasión de la Goyesca de Ronda . No hay que olvidar que la Casa de Alba estuvo vinculada a la saga de los Ordóñez desde mucho antes de que nacieran los hermanos Rivera, pues la duquesa fue también admiradora del maestro, Antonio Ordóñez , abuelo de Francisco y Cayetana, y ejerció presidenta de las damas goyescas en 1974. Pero, sin lugar a dudas, la amistad más grande y consolidada de Cayetana fue la que mantuvo durante varias décadas con el torero Curro Romero y su mujer Carmen Tello, hasta el punto de que ejerció como madrina en la boda civil que unió a la pareja en el año 2003. Por supuesto, el Faraón y Carmen no faltaron a la boda de su gran amiga con Alfonso Diez en el Palacio de las Dueñas, donde el flamenco y el arte dejaron imágenes inolvidables. La figura de Cayetana, la duquesa de todos, no podrá nunca separarse de su imagen como aficionada y apasionada por la tauromaquia. Su estilo, su impronta, su carisma y su revolucionaria forma de vida, no exenta de ejemplaridad y fidelidad a las tradiciones, así lo atestiguan, incluso doce años después de su muerte.

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