Cayetana de Alba, el baile flamenco como pasión
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Cayetana de Alba, el baile flamenco como pasión

«El flamenco es un arte que me llega muy dentro», declaraba Cayetana Fitz-James Stuart, Duquesa de Alba a preguntas del desaparecido Jesús Quintero en un programa de televisión. La duquesa que eligió Dueñas para que fuera el lugar de su última sevillana y desde donde partió hacia el otro jardín de naranjos, amaba el flamenco con tanta intensidad que quiso formar parte de él. Ver a la duquesa de Alba vestida de flamenca en la Feria de Sevilla era lo habitual, aunque eso sí, las mañanas de las ferias de antes las dedicaba a una de sus aficiones, montar a caballo, en lo que era una experta, vestida con zahones y sombrero y pelo recogido. Cuando ya sintió que montar no era posible, paseaba por el Real con su famoso tiro de mulillas pardas enjaezado a la andaluza, bien recordado por los aficionados a los carruajes. En el año 1980 el primer ayuntamiento democrático invitó a la caseta municipal a la duquesa y hay imágenes que son testigo de la sevillana que bailó con el entonces primer alcalde de la recién estrenada democracia, el andalucista Luis Uruñuela. Lina era su modista de cabecera, quien le diseñó hermosísimos trajes de flamenca, e incluso fue también Lina quien realizó el traje que lució Grace Kelly en aquella Feria de abril donde Cayetana fue la eficaz anfitriona en Sevilla de la princesa de Mónaco. Uno de los maestros de la duquesa de Alba fue el sevillano Enrique Jiménez Mendoza, más conocido como Enrique el Cojo , quien le daba clase durante sus estancias en Sevilla. En el palacio de las Dueñas la duquesa había instalado en una estancia junto a uno de los patios, un estudio para las clases con el maestro, quien también tuvo como alumnas a bailaoras como Manuela Vargas, Cristina Hoyos o Curro Vélez. Enrique el Cojo era invitado especial de la duquesa en no pocas fiestas de las que hay varios testimonios gráficos. «Ella amaba el flamenco, decía que cuando oía el cante sentía algo en su interior y además, tenía compás», dice la bailaora Carmen Rojas quien fuera durante prácticamente toda su vida la maestra de flamenco de la Duquesa en su casa del palacio de Liria en Madrid. Carmen Rojas, durante 16 años solista del Ballet de Antonio el Bailarín, fue una de las profesoras más queridas de la duquesa. Tras su marcha del ballet de Antonio creó su propia compañía convirtiéndose desde 1967 en 'Embajadora del baile' para el Ministerio de Información y Turismo lo que la llevó a actuar por todo el mundo representando a nuestro país. «Yo tenía mucha amistad con ella. Cuando la conocí sólo habían nacido sus primeros tres hijos y empecé a darle clase alrededor del año 1960. Ella me escribía cartas, me mandaba postales cuando salía de viaje, pero luego cuando murió hice un paquete con toda la correspondencia y se lo llevé a su hija Eugenia, porque creía que lo tenía que tener ella». Recuerda Carmen Rojas con mucho cariño las cartas que la duquesa le enviaba. «Sus cartas eran preciosas. Cuando nació Cayetano me mandó una carta que recuerdo por la anécdota, en la que decía, se nos ha malogrado la futura bailaora, porque creía que Cayetano iba a ser niña, luego cuando llegó Eugenia fue la locura. Después de cinco niños...» Carmen Rojas guarda en su casa muchos recuerdos de Cayetana de Alba. «Tengo una foto enorme que me mandó ella de las dos bailando, la amplié y la puse en mi salón y aquí pone 1960 y ya llevaba yo algunos años dándole clases». Carmen Rojas iba al palacio de Liria una vez por semana. «Por la mañana y no muy temprano porque ni el guitarrista ni yo madrugábamos. Tenía en el último piso el estudio donde había un diván grande donde se ponía la gente que a veces ella invitaba para vernos bailar. Había también un piano, y al lado se instalaba el guitarrista, porque nosotras siempre bailábamos con guitarra. El estudio estaba lleno de fotos de toreros, mías, de bailaores y tenía un cuartito que era donde colgábamos las faldas de ensayo y los zapatos. Pasamos muy buenos momentos», cuenta. Allí hubo según Carmen Rojas algunas tardes muy 'gloriosas'. «Bailábamos de todo. Le enseñé alegrías, tanguillos, las sevillanas era lo que menos hacíamos, porque a Cayetana le gustaba el flamenco, era muy flamenca, no sé porqué, era como si lo llevara en la sangre». Carmen Rojas a sus 91 años tiene una memoria privilegiada y recuerda que la duquesa tenía «una afición tremenda». Le gustaba muchísimo, y de vez en cuando venía alguna visita. «Cuando yo la veía aparecer un poco antes a la clase y arreglada de cara, le preguntaba, ¿a quien tenemos hoy Cayetana? (se ríe). Le gustaba que la vieran bailar. Un día vino a vernos bailar José Montero Alonso, el periodista y escritor, y me dijo la duquesa que era premio Nacional de Literatura y de Teatro. A ese tipo de gente invitaba». Dice la maestra que «Cayetana tenía arte, y además, tenía tanto sentimiento que oía la guitarra y se transformaba. Movía muy bonito los brazos y las manos. ¿Vieron la foto de la boda? Pues ahora les voy a desvelar una anécdota que sólo sabemos ella y yo. Antes de casarse con Alfonso Díez en Sevilla ella estaba en Liria y me llamó para que fuera a verla. Allí me dijo que se iba a casar y empezamos a hablar de baile y de cosas, y me dijo con pena que ya no podía bailar como antes. ¿Y si me hacen bailar?, me preguntó preocupada. Nos pusimos de pie las dos y le dije, con esta mano te agarras el vestido y la pones en la cadera haciendo un desplante, y con la otra, la alzas y la mueves como tu sabes hacerlo. Después de la boda cuando vi la foto comprobé que había hecho lo que habíamos ensayado». Carmen Rojas presume de la amistad con la duquesa. «Ella me apreciaba mucho y yo a ella. En aquellos años tenía cada traje de noche que me regalaba Cayetana... Recuerdo que una vez bailamos en Estados Unidos en la Casa Blanca y cuando terminó la actuación nos invitaron después a una fiesta en casa del vicepresidente Johnson, cuando Kennedy era presidente. Nos recogieron y nos llevaron con unos policías motorizados delante del coche hasta casa del vicepresidente por todo Washington. Yo me puse uno de los trajes que me había regalado Cayetana, y estando en la fiesta se me acercó Jackie Kennedy para decirme en español que ella tenía uno igual que el que yo llevaba. Y yo pensé, si supieras que me lo ha regalado una duquesa...» Carmen Rojas le dio clases hasta que la duquesa decidió pasar un mayor tiempo en Sevilla, «pero siempre cuando estaba en Madrid nos llamábamos por teléfono. Ella era muy humana, y sobre todo amaba tanto el flamenco y le gustaba tanto bailar, que yo hasta disfrutaba dándole clases. Ella venía a mi casa y nunca hacía alarde de nada, pero con todo lo rubia que era... era muy flamenca y muy española». Hay una foto de ambas bailando en la que la dedicatoria se nota el cariño entre ambas: «Para Maricarmen, mi maravillosa profesora. Cayetana de Alba».

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