La arqueología destapa la historia oculta de los primeros cristianos en Málaga
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La arqueología destapa la historia oculta de los primeros cristianos en Málaga

La historia de las primeras comunidades cristianas en la provincia de Málaga ha estado marcada por un halo de oscuridad debido a la escasez de referencias claras. Sin embargo, la arqueología emerge como una disciplina fundamental para desvelar qué tumbas, símbolos y restos materiales nos pueden contar sobre su existencia. Serafín Becerra, doctor en prehistoria y director del Museo de Teba, desgrana en COPE Más Málaga las valiosas pistas que permiten reconstruir el pasado de estos primeros cristianos en el territorio malagueño, un tema de especial interés en el contexto de la Cuaresma y la Semana Santa. Según Becerra, los primeros siglos del cristianismo son complejos de estudiar, pero las primeras referencias documentales en la provincia aparecen a partir del Concilio de Elvira, celebrado entre el 306 y el 310 d.C. En este evento ya se menciona a un obispo de Málaga, de nombre Patritius, y a varios presbíteros en ciudades como Acinipo (Ronda), Singilia Barba (Antequera) o Lauro (Alhaurín de la Torre). Aunque la tradición martiriológica habla de figuras como San Ciriaco y Santa Paula, el experto señala que estos relatos pertenecen más al ámbito de la "leyenda dorada vinculada a los martirios" que a la evidencia arqueológica contrastada. Si hay un lugar clave para entender el cristianismo primitivo en Málaga, ese es la Basílica Paleocristiana de Vega del Mar, en San Pedro Alcántara (Marbella). Se trata de una de las grandes basílicas de esta época excavadas en toda la península ibérica y actualmente es un yacimiento visitable. El edificio, datado entre los siglos V y VI d.C., presenta una estructura de tres naves y una característica poco común: un doble ábside, una cabecera semicircular en cada extremo. Parte de los materiales recuperados se exponen en el Museo de Málaga y en el Museo Arqueológico Nacional. Este yacimiento marbellí alberga también el primer baptisterio de inmersión documentado en la provincia. A diferencia del bautismo infantil actual, en los primeros siglos del cristianismo el rito se realizaba en la edad adulta, por inmersión completa en una piscina. Este acto simbolizaba la entrada en la nueva fe, tal como se narra en las escrituras. Como explica Becerra, "el bautismo era similar al que cuenta las escrituras que Cristo tuvo con Juan el Bautista". Junto a la basílica se encuentra una necrópolis, es decir, un cementerio, que revela una transformación fundamental en los ritos funerarios. Las comunidades cristianas adoptaron la inhumación (entierro del cuerpo) como práctica mayoritaria, abandonando la cremación, más propia del Alto Imperio romano. Este cambio se debe a la creencia en la resurrección de la carne. Los enterramientos se realizaban con el cuerpo boca arriba y las manos sobre la cadera, a menudo acompañados de un pequeño ajuar, como jarras con ungüentos. La identificación de estas comunidades también es posible gracias a su simbología. Contrariamente a la creencia popular, la cruz no fue el primer símbolo cristiano. Según el arqueólogo, "los primeros cristianos utilizan símbolos que representan a la nueva religión como es el pez". El pez (Ichthys en griego) era un acrónimo de 'Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador'. Otros símbolos recurrentes son el Crismón, un anagrama de Cristo formado por las letras griegas X y P, y el alfa y el omega, que representan el principio y el fin. La huella del cristianismo primitivo se extiende a otros puntos de la provincia. En Cártama, en la villa romana de Manguarra y San José, se han hallado evidencias de simbología cristiana. También hay referencias en el Faro de Torrox y en la propia capital, Málaga. En Ronda se excavó una basílica bajo la actual iglesia de Santa María la Mayor, y en la Villa Romana de la Vizcondesa, en la comarca de Antequera, existe un posible baptisterio, aunque estos yacimientos no son visitables. Una de las manifestaciones más particulares son los ladrillos decorados conocidos como bracari, asociados a yacimientos como Caserío Silverio en Antequera. Estas piezas, de unos 30 centímetros, muestran un crismón enmarcado en un arco e inscripciones como "Isidore vivas" o "tata vivas", que podrían hacer alusión a obispos, santos u otras figuras religiosas relevantes. Estos ladrillos, según los expertos, decoraban estancias o estaban vinculados a espacios de culto. La evidencia arqueológica sugiere que, para el siglo IV, cuando el cristianismo se convirtió primero en religión legal y luego oficial del Imperio, en Málaga ya existían comunidades plenamente estructuradas, organizadas en torno a figuras como obispos y presbíteros. Aunque en otros lugares del Imperio, como Roma, se conocen las Domus Ecclesiae (casas privadas usadas para el culto), en la provincia aún no se han encontrado vestigios de esta primera fase más clandestina. Para Serafín Becerra, es necesaria una "arqueología del cristianismo" específica en Málaga para seguir profundizando en este fascinante periodo.

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