El Papa se reúne con el príncipe Alberto a su llegada a Mónaco:
Cope Zaragoza

El Papa se reúne con el príncipe Alberto a su llegada a Mónaco: "Una Ciudad-Estado que se distingue por el vínculo profundo que le une a la fe"

Alberto de Mónaco y el Papa León XIV se han reunido en el Palacio Principesco de Mónaco, el palacio Grimaldi, que es la residencia oficial del Jefe de este pequeño estado costero, en el sur de Francia. Los Grimaldi, la dinastía de Alberto II de Mónaco, llevan gobernando en el Principado desde hace más de 7 siglos e hicieron de este Palacio, una auténtica fortaleza. De ahí que, pese a las reformas posteriores, aún mantenga las torres almenadas y los robustos muros que lo protegen y que lo hacen una residencia real particularmente defensiva con respecto a otras como puede ser Versalles o el propio Palacio Real de Madrid. Muy lejanas quedan ya esos siglos de batallas y conquistas medievales, Mónaco ahora es una ciudad-estado pacífica, entregada al glamour, al lujo y a la riqueza. Es la casa de eventos tan elitistas como el GP de la Fórmula 1, que cada año reúne en la ciudad a lo más granado del panorama de las celebrities internacionales. Pero detrás de esa fachada de lujo y aparente despilfarro, se esconde un estado antiquísimo construido sobre los valores católicos que defiende como propios. Es de los pocos que tiene el catolicismo como religión oficial del estado de Europa. Santa Devota no es solo el nombre de una curva del circuito más famoso de los deportes de motor, es la patrona de la ciudad. Un símbolo de la devoción católica que ha defendido Alberto de Mónaco en su discurso previo a las palabras del Papa, desde el balcón del Palacio Principesco, ante el propio obispo de Roma y ante la Princesa Charlene, que ha utilizado el privilegio de vestir de blanco ante el Pontífice, que tienen algunas mujeres pertenecientes a monarquías católicas como la monegasca o la española. Ha sido la primera vez que se dirigía a su pueblo desde este balcón. Una muestra del acontecimiento histórico que es para el pequeño estado, recibir al Papa. "Estoy contento de poder vivir esta jornada junto con ustedes y ser, así, el primero entre los Sucesores del Apóstol Pedro en visitar el Principado de Mónaco en tiempos modernos, una ciudad-estado que se distingue por el vínculo profundo que la une a la Iglesia de Roma y a la fe católica." Comenzaba su discurso León XIV, que destacó las virtudes de este paraje asomado al Mediterráneo: "El don de la pequeñez y una herencia espiritual viva comprometen su riqueza al servicio del derecho y de la justicia, especialmente en un momento histórico en el que la ostentación de la fuerza y la lógica de la prevaricación perjudican al mundo y amenazan la paz.", decía el Santo Padre. El atractivo de Mónaco a nivel económico, con unos beneficios fiscales y una gran calidad de vida, ha atraído a grandes fortunas de todo el mundo, lo que ha contribuido a crear un estado sumamente diverso y, por supuesto rico. El Papa les ha invitado, a todos los que componen el estado monegasco, a profundizar en una reflexión introspectiva: "La composición plural de su comunidad hace de este país un microcosmos, a cuyo bienestar contribuye una minoría vivaz de personas locales y una mayoría de ciudadanos procedentes de otros países del mundo. Entre ellos, no pocos ocupan cargos de considerable influencia en el ámbito económico y financiero, muchos otros llevan adelante tareas de servicio, y numerosos son también los visitantes y turistas. Habitar aquí representa para algunos un privilegio y, para todos, una llamada específica a interrogarse sobre su lugar en el mundo."

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