COPE
Elisa, una joven de 30 años, natural de Medina de las Torres (Badajoz) ha decidido romper su silencio para contar una historia marcada por el dolor y la sanación. De los cinco hijos que ha concebido, solo uno vive. Los otros cuatro, como ella misma afirma, "están en el cielo" tras cuatro abortos. En el marco de la Jornada Mundial de la Vida, que se celebra cada 25 de marzo, comparte su testimonio porque, según sus palabras, hablar de ello es "sanador" y le permite sentirse más cerca de ellos. Durante años, Elisa se culpó sin comprender el porqué de sus decisiones. No ha sido hasta hace apenas un mes cuando, con la ayuda de profesionales de asociaciones provida, ha entendido la raíz de todo. "Sufrí un abuso sexual en mi infancia, del cual siempre ha estado tapado y del cual he podido ser consciente justo después del último aborto", revela. Este trauma, explica, ha sido el causante de que estos abortos sucedieran, generando una desconexión entre su mente y su cuerpo. La joven afirma con rotundidad que nunca se sintió libre al tomar la decisión. "Jamás ha sido libre. Ojalá hubiera podido tener la opción de poder tomar otra decisión en esos momentos", lamenta. En su experiencia, siempre existió presión, ya fuera por motivos económicos, médicos, de pareja o de su entorno más cercano, que ante cualquier dificultad empujaba hacia el aborto como única salida. Elisa critica la frialdad del sistema sanitario, donde el proceso se vuelve impersonal. "No hablan ni contigo, intentan hablar lo mínimo posible", describe. Relata cómo los profesionales se limitan a seguir un protocolo, sin ofrecer alternativas ni permitir a la mujer participar en el proceso. "A ti te dicen que no pasa nada, pero tú sales de allí sintiendo en el corazón que sí lo pasa", sentencia sobre la experiencia en la clínica. Su cuarto aborto fue, si cabe, más dramático, ya que se vio "obligada mediante amenazas bastante fuertes" cuando su intención era seguir adelante con el embarazo. Lo califica de "criminal" y asume con dolor: "He colaborado inconscientemente y he entregado mi cuerpo para que se lleven a esa criatura". El proceso de reconciliación consigo misma está siendo largo y difícil. "Me he perdonado, pero sigo en el camino del perdón", confiesa. Considera que es un error tan grande que lo llevará en su corazón para siempre. Parte de su sanación ha llegado a través de la fe y la confesión, que le ha dado tranquilidad para continuar. Su mayor motivación ahora es dar voz a su historia para que otras mujeres no pasen por lo mismo. Elisa concluye con un mensaje de esperanza, destacando la existencia de una red de ayuda de la que nunca fue informada. "Nadie sabe que realmente sí se puede ayudar", asegura, refiriéndose a las asociaciones que apoyan a las madres. Está convencida de que si hubiera conocido este respaldo, "jamás en la vida hubiera abortado".
Go to News Site