Morir en la cancha: cuando el fútbol en México es terreno abonado para el crimen
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Morir en la cancha: cuando el fútbol en México es terreno abonado para el crimen

Zinacantepec es un municipio de aproximadamente 200.000 habitantes a 76 kilómetros de la Ciudad de México. Quienes lo visitan van a practicar senderismo al Nevado de Toluca, una de las montañas más grandes del país o, en su defecto, recorren un pequeño museo de arte virreinal. Per o la gran afición de los locales es el fútbol: Zinacantepec tiene una de las ligas amateurs, o llaneras, como aquí se las conoce, más antiguas del país. Según diversos registros su origen se encuentra en torno al año 1915. Cada noche y cada tarde, sin excepción, equipos con nombres como Atlético Madrid de Autopan, Manchester de Metepec o Juventus de la Santa Cruz se enfrentan en canchas con más tierra que césped, con porterías sin red, líneas laterales escasamente definidas e iluminación más bien precaria. Las tribunas suelen ser tres o cuatro tablones de madera, pero el público no falla. Familias, amigos y vecinos se agrupan cada partido de la liga llanera como un epicentro de la vida social. Un territorio de pasión deportiva que se extiende a lo largo de toda la geografía mexicana, que tiene fuerte arraigo con las clases populares y que es el reflejo de la actualidad de cada día: en los últimos siete años, según datos oficiales, más de 50 personas fueron asesinadas en canchas de fútbol llanero. En un país que se encamina a su tercera Copa del Mundo, el fútbol informal es también un terreno en disputa para el crimen organizado. Durante décadas han circulado historias y mitos del narcotráfico vinculado a equipos profesionales del fútbol en México, pero poco se comenta del papel del crimen organizado en las ligas donde juegan quienes tienen poco y no ganan nada. El municipio de Salamanca, en el estado de Guanajuato, es, según datos oficiales, una de las plazas más violentas del fútbol aficionado. En los últimos cuatro años 27 personas murieron en sus canchas. El 25 de enero pasado, un grupo de sicarios arribaron a las instalaciones de la liga de Campos de las Cabañas, a las afueras de Salamanca. Llegaron en dos camionetas y portaban armar largas. Abrieron fuego en contra de un grupo de hombres que disputaban un partido de futbol y 10 personas murieron casi en el acto. La agresión, que además dejó 12 heridos, fue atribuida por las autoridades federales al grupo delictivo 'Los Marros'; célula del Cártel de Santa Rosa de Lima que mantiene una pugna por el control territorial de Salamanca con el Cártel Jalisco Nueva Generación, una de las organizaciones criminales más potentes del mundo. Según informaron autoridades locales, el móvil del ataque fue que los organizadores de la liga no habían querido pagar el llamado «derecho de piso», o sea, un tributo al narco a cambio de organizar una liga de fútbol no profesional. Así como en México pagan esta cuota discotecas, bares o locales gastronómicos, el fútbol no elude la extorsión. Otro generador de violencia es cuando el narco patrocina equipos en ligas llaneras. Así sucedió en diciembre del 2025 en Acapulco, en la costa del Pacífico, donde, en pleno partido, un sicario se internó en el campo de juego y mató a balazos al delantero de uno de los equipos que disputaban la semifinal de la liga de Cahuatitán. «En 2024 ya había pasado algo similar en dos municipios del interior del Estado, sicarios que ingresan al campo y van directo a matar a uno de los jugadores, o sea no contra todos, solo contra uno, cuando sucede suele ser indicador de que esos jugadores o no quisieron jugar para equipos patrocinados por el narco o jugaban en equipos apoyados por bandas rivales», explica a ABC Rebeca Solano, activista de Derechos Humanos en Acapulco. «Otra variable de violencia suele ser que una banda ofrece dinero a un jugado r para que, o no se presente a un juego en específico, o que, si lo hace, juegue mal adrede, si se incumplen esos pactos puede haber represalias», agrega Solano. El crimen en las ligas llaneras arroja señales poco visibles. Un excomisario del Estado de México explica a este periódico, bajo condición de anonimato, que existen pistas recurrentes: calzado deportivo demasiado costoso en equipos de zonas pobres, cintas de capitanes con símbolos que aluden a facciones del crimen o, incluso, jugadores talentosos que llegan a los juegos a bordo de vehículos blindados. Según se ha publicado en la prensa mexicana, los pocos equipos de ligas llaneras que reciben paga cobran hasta 30 euros por partido, cifra que puede ascender a los 50 euros en instancias decisivas. Los árbitros también están en la mira. En junio del 2025 desapareció el excolegiado profesional Luis Palomera, quien, ya retirado arbitraba en ligas llaneras de la ciudad de Toluca. Tras una semana, su cuerpo apareció sin vida en el estado de Querétaro. Dos meses antes, en Torreón, al norte del país un colegiado fue asesinado con arma blanca mientras se desempeñaba en un partido nocturno. Los árbitros de futbol no profesional suelen cobrar 20 euros por partido que deben cubrir los equipos rivales. En ambos casos la prensa asoció los crímenes con el negocio de las apuestas. La Fiscalía General de la Republica (FGR) tiene múltiples expedientes en curso que investigan las apuestas ilegales en el fútbol llanero en diversos puntos del país. Estos negocios suelen ser regenteados por integrantes de los mismos grupos delictivos que cobran las extorsiones a los organizadores de los torneos. Las apuestas, además, son cobradas antes de los partidos por corredores que llevan el mote de 'coyotes' y que suelen acompañar a los vendedores de cervezas que se mezclan entre el público. Sebastián Ríos tiene 35 años y trabaja en una universidad en Toluca. Durante dos años cada fin de semana se trasladaba con un amigo a la liga de Zinacantepec donde, cada viernes por la noche, disputaba un partido en cancha de 11 en la posición de portero. Según cuenta a ABC, abandonó a su equipo, llamado Verona, cuando un hombre de mediana edad que presenciaba los partidos comenzó a acercarse una vez terminadas las competencias para ofrecerle dinero si aceptaba ir a atajar los domingos en las noches a una liga en Xonacatlán, un poblado a 15 kilómetros de Toluca. Los partidos comenzaban a las once de la noche. «Lo rechazaba sin que la cosa fuera a mayores porque el día y el horario eran un problema, hasta que una vez se me acercó antes de un partido y me ofreció dinero para que me dejara hacer goles , lo rechacé, no paso nada, pero al final del juego él ya no estaba y mi coche tenía un cuchillo clavado en una llanta, desde ese día, y después de hablar con alguna gente de la liga, decidí no volver, este hombre sigue yendo por allí», explica. El próximo jueves 11 de junio comenzará la Copa del Mundo en el Estadio Azteca. Una cita que promete captar el interés global pero que en amplias franjas de la sociedad mexicana es observada con distancia por el elevado valor de las entradas y el momento mediocre del seleccionado nacional. La liga de Zinacantepec, por lo pronto, no se interrumpirá por el Mundial. Y es que, en México, el fútbol siempre está. Así como también el narco y sus abismos.

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