La Opinión de Málaga
Pajaritos y pajarracos (Uccellacci e uccellini, 1966) es una gran película dirigida por Pier Paolo Pasolini y protagonizada por Totó y Ninetto Davoli en los principales papeles. Padre e hijo se echan a andar, cerca de Roma, para resolver el asunto de una deuda que pesa sobre su finca y, claro, el camino da para mucho y hablan de la vida y hasta de la muerte, pero nada menos que con un cuervo que se considera un intelectual marxista de los de antes, no de los de ahora, subvencionados. Viene al caso esta obra por el decreto que acaba de parir el Consejo de Ministros que recoge la prórroga de los contratos de alquiler –que finalicen antes de que termine 2027– y el tope a la actualización de los precios –para los contratos que entraron en vigor antes de la Ley de Vivienda–. Naturalmente, estas dos medidas tienen en contra a todo el sector, los propietarios, por la inseguridad jurídica que supone. Pero qué más da, se dirán el Gobierno y sus monaguillos, si Irán pone pegatinas de Sánchez en sus misiles dándole las gracias al presidente español. Bueno, no solo, la sanguinaria etarra Amboto también debe estar agradecida.
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