COPE
En 'Herrera en COPE', Carlos Herrera ha dado paso a María José Navarro para contar la 'Historia del Día', que en esta ocasión se ha centrado en la figura de Eustaquio Rosa, uno de los grandes y últimos guardianes del refajo manchego, tal y como recoge también El Digital de Albacete. Este artesano, cuya familia convirtió Casas de Lázaro (Albacete) en la capital de los telares, ha fallecido dejando un legado cultural y ancestral de valor incalculable. El legado de Eustaquio Rosa no es solo una empresa familiar, sino una memoria cultural que sus hijos, Eustaquio y Sergio, tendrán que defender. Su hijo explica que son "la cuarta generación, que tengamos conocimiento". La tradición es tan profunda que incluso el escudo del pueblo, que data del siglo XIV, lo refleja: "De hecho, el escudo del pueblo de Casa de Lázaro, que data del siglo XIV, ya lleva incrustado dentro del escudo lo que es la lanzadera, que digamos que es la parte fundamental del telar". Esta memoria ancestral estuvo a punto de desaparecer con la llegada de la máquina de coser, que provocó el cierre de muchos telares domésticos donde se confeccionaban los ajuares. Además del refajo, en estos telares se elaboraban productos para la gente del campo como la manta mulera o la manta pradera, que se colocaba entre el colchón y el somier. La importancia de esta actividad en la zona es tal que, aunque Casas de Lázaro es un pueblo pequeño con siete pedanías, dos de ellas llevan el nombre de Batán. Esta era la herramienta con la que "se le daba presto a las telas", según ha recordado Navarro en COPE. Toda la provincia de Albacete y toda La Mancha han perdido a un hombre dedicado a preservar las esencias. Eustaquio Rosa enseñó a sus tres hijos a manejar los telares subidos a un taburete, ya que "eran tan chicos que no llegaban". Su vida fue un ejemplo de su empeño "en la hermosura de lo que se hace despacio", mientras el mundo avanzaba sin freno. Como homenaje final, se ha recordado que este año, en la feria, "habrá que darle mucho vuelo al refajo en su honor". Un último adiós para Don Eustaquio, el hombre que convirtió el Refajo Manchego en una obra de arte.
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