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La odisea de los vecinos de un edificio protegido de Gijón para instalar un ascensor: un residente con párkinson tuvo que malvender su piso porque el Principado no lo autorizaba | Collector
La odisea de los vecinos de un edificio protegido de Gijón para instalar un ascensor: un residente con párkinson tuvo que malvender su piso porque el Principado no lo autorizaba
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La odisea de los vecinos de un edificio protegido de Gijón para instalar un ascensor: un residente con párkinson tuvo que malvender su piso porque el Principado no lo autorizaba

Los vecinos de un edificio en la calle Menéndez Valdés de Gijón podrán por fin instalar un ascensor después de siete años de espera y una larga batalla judicial. El Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) ha dado la razón a la comunidad de propietarios frente a la negativa de la Consejería de Cultura del Principado, que se oponía a la obra a pesar de contar con el visto bueno del Ayuntamiento de Gijón. El conflicto se centraba en el destino de una barandilla de forja con nivel de protección integral. La solución de los vecinos, avalada por un arquitecto, proponía retirarla temporalmente para la instalación del elevador y volver a colocarla después. Sin embargo, Patrimonio abogaba por una gran obra interior que afectaba a la estructura de las viviendas para preservar la barandilla en su sitio, una opción mucho más invasiva. La demora ha tenido consecuencias dramáticas para algunos residentes, como José Manuel, un antiguo vecino diagnosticado con párkinson desde hace 12 años. En declaraciones a Mediodía COPE en Gijón, ha confesado tener una sensación "agridulce" por una victoria que para él llega tarde. "Estoy encantado de que mis antiguos vecinos y los nuevos lo disfruten, por supuesto, pero también estoy triste porque yo me compré esa casa como un proyecto ilusionante", ha lamentado. La falta de accesibilidad le obligó a tomar una decisión drástica. "Yo me caí varias veces por las escaleras; porque, con el párkinson, tengo la movilidad muy comprometida. Ese ascensor que no llegaba hizo que tuviera que vender y irme a un piso con ascensor", ha explicado. La lucha le supuso un gran desgaste personal y económico, tras haber entregado "30.000 euros para el proyecto" y afrontar los costes del litigio. José Manuel ha criticado lo que considera la "deshumanización y la mezquindad de los funcionarios" al aplicar la normativa. "Chocamos con esa deshumanización total y absoluta de personas, que en vez de velar por salvaguardar la vida de las personas, se ciegan con la defensa de un patrimonio que no es tal", ha sentenciado. La abogada de los vecinos, Victoria Couce Calvo, ha detallado que el caso llegó a los tribunales ante la falta de voluntad negociadora del Gobierno regional. Según explica, se intentó llegar a un acuerdo, "pero no había manera y no nos quedó otra que ir al contencioso". El proceso administrativo fue largo, ya que primero hubo que convencer a los técnicos del Ayuntamiento, que finalmente dieron su visto bueno. El proyecto, diseñado por el arquitecto Suárez Collado, demostraba que instalar el ascensor en el hueco de la escalera era la opción "que menos daño causaba" al edificio catalogado. Las otras alternativas implicaban atravesar las viviendas, lo que habría supuesto "reestructurar toda la vivienda" y dañar la distribución interior, también protegida. La letrada celebra una sentencia que considera "jurídicamente muy bien razonada". "La sentencia reconoce el derecho de accesibilidad, que es un derecho que está garantizado en la Constitución", afirma Couce Calvo. Además, el tribunal ha invocado el principio de proporcionalidad y de mínima intervención, al considerar que no se pueden imponer restricciones "que no vayan acompañadas de una justificación objetiva". El fallo judicial concluye que la solución propuesta estaba "perfectamente acreditada" como la que menos daño ocasiona al edificio y no afecta a ningún elemento catalogado, ya que la barandilla, el principal bien a proteger, simplemente se retiraba y se volvía a colocar. Para los vecinos, es el final de un periplo de siete años, aunque ahora empieza otro proceso: la instalación definitiva del ascensor.

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