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Alberto Reyes, sacerdote cubano: "La generación que le dio todo a la revolución se siente traicionada por ella" | Collector
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Cope Zaragoza

Alberto Reyes, sacerdote cubano: "La generación que le dio todo a la revolución se siente traicionada por ella"

La tensión sigue aumentando en Cuba mientras la Casa Blanca eleva la presión sobre Díaz-Canel. La presencia del portaaviones Nimitz en el Caribe, junto a la reciente acusación formal contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas en 1996, marcan una nueva fase en la estrategia de Estados Unidos, liderada por el secretario de Estado de origen cubano, Marco Rubio. En este clima de hartazgo y esperanza de cambio tras casi setenta años de comunismo, la voz del padre Alberto Reyes Pías, párroco en la iglesia de San Jerónimo, se alza para describir el sentir de un pueblo que se mueve entre la miseria y el anhelo de un futuro diferente. Ante la incertidumbre sobre el próximo movimiento estadounidense, el padre Reyes asegura que la población cubana vive a la expectativa. La espera está cargada de un deseo profundo de que la situación cambie de una vez por todas. De hecho, según el sacerdote, en la isla se ha popularizado una frase que resume el sentir general: "Lo peor que nos puede pasar es que no pase nada". El sentir es tal que los cubanos dicen que "preferimos un final espantoso a un espanto sin final", en referencia a la situación actual. El padre Reyes confirma que la gente apoya mayoritariamente una intervención de Estados Unidos, aunque pueda parecer una solución ingenua. Esta postura nace de la convicción de que el régimen no tiene intención alguna de "abandonar el poder, al menos por las buenas", y que cualquier oferta de diálogo es solo una estrategia para "ganar tiempo". La preocupación es tal que, según Reyes, la gente común se ha informado sobre las elecciones de medio término en Estados Unidos. El temor a que un cambio en el poder legislativo estadounidense debilite la presión actual sobre el régimen "nos tiene muy nerviosos", confiesa, reflejando cómo la esperanza de los cubanos está depositada en factores externos ante la parálisis interna. A la esperanza de un cambio se contrapone un miedo a la reacción del Gobierno. El padre Reyes admite que existe temor a "un baño de sangre" y a una "venganza contra el pueblo". Este pánico se ha visto alimentado por amenazas directas del propio régimen. "El gobierno ya ha dicho que, si hay una intervención, eliminaría a los presos políticos y a los opositores", revela el sacerdote. Esta declaración, calificada por Reyes como una "amenaza que han hecho pública", dibuja un escenario que "no podemos descartar" y que podría terminar "en algo muy violento". Pese al riesgo, el párroco defiende su deber de denunciar la situación. "Todo en esta vida tiene un precio, hablar tiene un precio, callarse tiene otro precio", reflexiona. Para él, la disyuntiva no es si pagar o no un precio, sino cuál elegir. "Si tengo que pagar un precio, yo prefiero el precio de hablar y de decir lo que es verdad", concluye, asegurando que "la Iglesia es la voz de los que no tienen voz". La vida diaria en Cuba se ha vuelto "muy cuesta arriba, muy de sobrevivencia". El padre Reyes describe un panorama desolador: la comida existe, pero a precios "inalcanzables" para la mayoría. Los medicamentos vitales siguen ausentes, los apagones son continuos y eternos, y la falta de combustible lo paraliza todo. La electricidad marca el ritmo de la vida: "Cuando uno se acuesta deja todas las luces encendidas para poder despertarse cuando viene la corriente, pueden ser las 2 o 3 de la mañana, y a esa hora empieza la vida". A esa hora, cuenta, la gente cocina, llena los tanques de agua o, como un carpintero que conoce, va a su taller a trabajar. La crisis del combustible es especialmente grave. Para conseguir 20 litros de gasolina, hay que apuntarse en una aplicación y entrar en una "cola virtual" que puede durar meses. El propio Reyes esperó "tres meses para 20 litros", mientras en el mercado negro el precio se dispara a "casi 12 dólares el litro". Esta situación provoca que haya personas que no puedan acudir a una cita médica por no tener cómo desplazarse. En medio de este caos, el apoyo al régimen se ha desvanecido, incluso entre quienes en su día creyeron en la revolución. "Hay toda una inmensa generación de gente que le dio todo a la revolución y que se sienten traicionados por la revolución", finaliza Reyes.

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