COPE
Fotos, abrazos, nervios, lágrimas y muchas sonrisas. La Universidad de La Rioja vive esta semana uno de esos momentos que quedan para siempre en la memoria de cientos de familias. Un total de 820 estudiantes celebran estos días su graduación en siete actos organizados por las distintas facultades y escuelas del campus riojano. Detrás de cada beca, de cada aplauso y de cada foto con toga, hay años de esfuerzo, exámenes, dudas, sacrificios económicos y conciliación familiar. Porque estas graduaciones no solo las viven los alumnos. También las sienten como propias padres, madres, abuelos y amigos que han acompañado el camino desde el principio. Las primeras ceremonias, celebradas ya en el Riojaforum, han reunido a estudiantes de la Facultad de Letras y de la Educación y de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Entre ellos, alumnos de Educación Infantil y Primaria, Estudios Ingleses, Geografía e Historia, Lengua y Literatura Hispánica, Derecho, Trabajo Social o Relaciones Laborales. Muchos comenzaron la carrera con incertidumbre, especialmente después de unos años marcados por cambios sociales, tecnológicos y laborales. Hoy salen con un título bajo el brazo y una nueva etapa por delante. Es el caso de Julián Pérez-Sevilla, graduado en Geografía e Historia, que siempre tuvo claro que quería dedicarse al ámbito de las Humanidades y que ahora seguirá formándose en la universidad riojana. Uno de los mensajes más repetidos durante estas graduaciones ha sido precisamente la reivindicación de las carreras de Humanidades y Ciencias Sociales. Fermín Navaridas, decano de la Facultad de Letras y de la Educación, recordó durante el acto el valor de unos estudios que forman profesionales capaces de comprender mejor la sociedad y aportar pensamiento crítico en un momento de profundos cambios. Además, la Universidad de La Rioja estrenará el próximo curso una de sus grandes novedades académicas, el nuevo Grado en Tecnología del Lenguaje, una titulación muy ligada al desarrollo de la Inteligencia Artificial y las nuevas formas de comunicación. Una apuesta que refleja cómo incluso las carreras más vinculadas tradicionalmente a “las letras” están conectando ya con los grandes retos tecnológicos del presente. Entre las historias que más emocionaron durante la graduación está la de Blanca Martínez, recién graduada en Derecho, que quiso poner en valor el apoyo recibido durante todos estos años. “Siempre han sido bastante abiertos. En mi familia cada uno ha estudiado una cosa distinta y siempre nos han apoyado en lo que más nos gustaba. Les agradezco mucho que hayan estado ahí estos cuatro años”, explica emocionada. Ahora continuará formándose en Madrid, aunque reconoce que estudiar en una universidad riojana le ha permitido disfrutar de algo que considera fundamental: la cercanía humana entre profesores y alumnos. Precisamente esa cercanía es uno de los aspectos que más destacan responsables universitarios y estudiantes. La decana de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Concepción Arruga, insiste en que titulaciones como Derecho, Trabajo Social o Relaciones Laborales siguen teniendo una alta empleabilidad y que la Inteligencia Artificial no sustituirá a estos profesionales, sino que obligará a adaptarse y abrir nuevas oportunidades. También la vicerrectora de Formación Permanente y Extensión Universitaria, Cristina Flores, destaca el ambiente especial que se vive estos días en el campus y el papel de una universidad que reúne cada año a miles de jóvenes riojanos y estudiantes llegados de fuera de la comunidad. Actualmente, la Universidad de La Rioja cuenta con cerca de 5.000 estudiantes: más de 4.100 cursan grados, alrededor de 650 realizan un máster y unos 280 están desarrollando su doctorado. Además, el próximo septiembre llegarán unos 700 nuevos alumnos. Las próximas graduaciones Las ceremonias continuaban este jueves con los alumnos de Enfermería, Ingeniería Informática, Ingeniería Agrícola, Matemáticas, Química y Enología. Mañana será el turno de ADE y Turismo. Y aunque cada titulación tiene su propia historia, todas comparten algo parecido, años de esfuerzo silencioso, viajes diarios, trabajos compaginados con clases, noches de estudio y familias empujando desde atrás. Porque detrás de cada graduación no hay solo un título universitario. Hay una historia personal que, durante unos minutos, se convierte también en un orgullo colectivo para toda Universidad de La Rioja.
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