Cope Zaragoza
La reciente controversia surgida a raíz del viaje de la presidenta de Madrid a México ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre la conquista y la llamada leyenda negra. En este contexto, el historiador Òscar Uceda, de la asociación de historiadores de Cataluña Antoni de Capmany, ha arrojado luz sobre una profunda paradoja histórica en el programa “Herrera en COPE Cataluña”. Según Uceda, el actual gobierno mexicano, que hoy exige disculpas a España, desciende irónicamente de los mismos criollos que se rebelaron contra una Corona española que, en gran medida, se esforzó por proteger a la población indígena de sus abusos. Uceda subraya que la rebelión que llevó a la independencia de México fue liderada por descendientes de españoles y terratenientes de origen europeo. Estos grupos se levantaron contra la Corona, entre otras cosas, por la protección que esta ofrecía a los indígenas locales. "El actual gobierno mexicano es origen de aquella rebelión que se hizo contra España para independizarse, protagonizada por aquellos criollos", explica el historiador. Esta perspectiva invierte el relato habitual y sitúa el conflicto no entre españoles e indígenas, sino entre las oligarquías locales y el poder de una Corona que intentaba imponer un marco legal de protección. Este esfuerzo protector de la Corona española no fue un hecho aislado, sino que se materializó en un robusto y pionero cuerpo legislativo: las Leyes de Indias. Su origen, como recuerda Uceda, se remonta al regreso de Cristóbal Colón de su primer viaje. Cuando la reina Isabel se percató de que Colón pretendía esclavizar a los nativos que había traído consigo, su reacción fue contundente. Este episodio marcó el inicio de una política de protección que llevaría a Colón a caer en desgracia y ser arrestado, en parte, por el "maltrato que dio a los indígenas". A lo largo de los siglos, este compromiso se consolidó. Las Leyes de Burgos de 1512 se promulgaron para "evitar el maltrato a los indígenas". Más tarde, en 1542, las Leyes Nuevas fueron aún más lejos, prohibiendo las encomiendas, un sistema que permitía el trabajo forzoso de los indígenas a cambio de su evangelización. Esta medida provocó una guerra civil en Perú entre los conquistadores, como los hermanos Pizarro, y la Corona. La victoria de la Corona reafirmó su política de considerar a los indígenas como "súbditos de la corona" con derechos. El monumental esfuerzo legislativo culminó en 1680, bajo el reinado de Carlos II, con la publicación de una gran recopilación que contenía 6.376 leyes y ordenanzas destinadas a proteger a las poblaciones nativas en todos los dominios españoles, desde América hasta Asia. "La gran preocupación que siempre va a tener la corona española va a ser por la protección de estos indígenas y evitar el abuso", sentencia Uceda. El historiador también aborda la figura de Bartolomé de las Casas, cuya "Brevísima relación de la destrucción de las Indias", aunque "muy exagerada" en sus descripciones de los abusos, sirvió para impulsar un debate sin precedentes en la historia de los imperios: la Controversia de Valladolid. En este célebre debate, los más doctos de la época discutieron sobre el derecho de conquista y los derechos que asistían a los indígenas. El resultado fue una victoria para la facción de Las Casas, lo que se tradujo en el "endurecimiento de estas leyes en favor de la protección de los indígenas". Para Uceda, la paradoja es evidente. "Es curioso que le pidan responsabilidades a esta corona que va a intentar siempre protegerlos", reflexiona. Tras la independencia, la situación de la población nativa empeoró drásticamente. Los nuevos líderes criollos, liberados del control de la Corona, procedieron a "embargar y quedarse las tierras de los indígenas". El resultado, según el historiador, fue una catástrofe demográfica: "Prácticamente la mitad de la población de México era indígena cuando salieron los españoles, y ahora queda un porcentaje muy pequeño". Gobernar un imperio tan vasto y con una comunicación tan lenta —un viaje a Filipinas podía durar un año— era "muy complicado". Para ello, la Corona diseñó un sistema de virreinatos, nombrando a personas de la máxima confianza del rey con plenos poderes. Sin embargo, existían mecanismos de control para supervisar su gestión, incluso a miles de kilómetros de distancia. Uceda ilustra este control con un caso de falsificación de moneda en Potosí. El famoso Real de a 8, considerado el dólar de la época, debía tener un 93% de plata pura. Cuando en Madrid se detectaron partidas con solo un 70%, la Corona no dudó en enviar a un investigador de confianza. El escándalo fue mayúsculo, pero demuestra que existían mecanismos de supervisión y que se actuaba con contundencia. Incluso se comunicó a nivel internacional que ciertas monedas eran defectuosas para proteger la estabilidad del sistema monetario, una prueba más de un imperio que, a pesar de la distancia, intentaba imponer orden y ley.
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