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Prueba Triumph Tiger Sport 800: El traje Crossover que le faltaba al tricilíndrico | Collector
Prueba Triumph Tiger Sport 800: El traje Crossover que le faltaba al tricilíndrico
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Prueba Triumph Tiger Sport 800: El traje Crossover que le faltaba al tricilíndrico

El motorista europeo lleva años reorientando sus preferencias hacia un tipo de moto que, alejada de especialidades, le aporte versatilidad y confort adaptado a todo tipo de uso. El auge de los segmentos Trail, Sport-Touring o Crossover, y sus respectivos subsegmentos (en función de su grado de adaptación al asfalto o la tierra) es una prueba evidente de ese giro en la tendencia de consumo de motocicletas de media y alta cilindrada. Las filas de Triumph siempre han tenido un hueco especial para cubrir estos gustos, sobre todo con la familia Tiger que, tras una amplia trayectoria con continuas evoluciones, se ha convertido en uno de los principales baluartes de la casa inglesa y referencia del segmento. Tras la desaparición hace años de la Tiger Sport 1050, el catálogo de la firma inglesa dejó un hueco en el segmento Sport-Touring de media-alta cilindrada, y los esfuerzos de Triumph se centraron en la vertiente más Trail, con las Tiger 800 (posteriormente 900) en multitud de versiones, y la Tiger 1200. En 2022, esta gama trail volvió a ramificarse con una versión nuevamente enmarcada en el segmento crossover, la Tiger Sport 600, que llegaba en una primera versión de acceso nacida sobre la base de la Trident 660 naked. A principios de 2025, la firma británica anunciaba la llegada de una «hermana mayor», la Tiger Sport 800, una moto con un motor «engordado» hasta los 798 cc poseedora de mayores prestaciones y un equipamiento superior que elevaba su comportamiento deportivo. Manteniendo la clásica configuración de tres cilindros en línea, seña de identidad de la casa, el motor es nuevo y eleva su potencia hasta los 115 CV a 10.750 rpm, y el par a 84 Nm a 8.500 rpm. La capacidad del depósito de gasolina es de 18,6 litros y el consumo homologado es de 4,7 litros a los 100 km. Por su parte, la gestión electrónica también mejoraba gracias a la incorporación de una IMU de seis ejes, permitiendo que el ABS y el control de tracción funcionasen en curva controlando el ángulo de inclinación. Además, aparecieron tres modos de conducción (Sport, Road y Rain) capaces de modular la respuesta del acelerador y la intervención del control de tracción, y un sistema de control de velocidad. Respecto a la 660 no hubo variaciones en el chasis tubular de acero pero sí ligeramente en las geometrías (con una mayor distancia entre ejes debido a las modificaciones en el basculante) y , sobre todo, en las suspensiones, que en la Sport 800 permiten más capacidad de regulación: una horquilla invertida Showa de 41 mm que tiene ajuste de los hidráulicos en extensión y compresión, y un amortiguador trasero regulable en precarga con un pomo hidráulico y amortiguación de extensión. Ambas, firmadas por Showa, disponen de 150 mm de recorrido. La frenada también se potenció con unas pinzas de freno delanteras de 4 pistones y anclaje radial, con discos de 310 mm. Las llantas son de aluminio fundido y están equipadas con neumáticos Michelin Road 5, en 120/70-17 delante y 180/55-17 detrás. El sistema de iluminación es full-led y la instrumentación cuenta con una pantalla TFT y otra LCD, e incluye el sistema de conectividad My Triumph de serie, con navegación paso a paso, información del teléfono y música a través de Bluetooth. La moto, como suele ser habitual en Triumph, enseguida ofrece unas primeras sensaciones buenas en cuestión de acabados y materiales. El cuadro de instrumentos quizás es el único elemento que le resta algo de modernidad a esta Tiger Sport 800, pues ya estamos acostumbrados a que todas las motos de última hornada lleguen con tremendas pantallas TFT a color. A bordo, la moto se siente accesible con una altura de asiento de 835 mm y un arco de pierna estrecho, y la postura de conducción es erguida y cómoda, gracias a su asiento de buen mullido, que además es espacioso tanto para el conductor como el pasajero, quien cuenta con asas integradas. La moto también ofrece soportes para maletas. La protección aerodinámica es buena, gracias a su generosa carrocería frontal, su pantalla parabrisas que se puede ajustar en altura cómodamente con una mano, y sus deflectores, cubriendo bien el torso y brazos del conductor. En los primeros metros me llamaron la atención rápidamente tres aspectos: el tacto del acelerador, realmente fino y con esa sensación de que el motor responde a las órdenes de tu muñeca de forma milimétrica; el buen trabajo del cambio, muy preciso, sobre todo el quickshifter, que cambia con tanta suavidad y rapidez que a veces no te das cuenta de que has cambiado de marcha; y buen feeling de las manetas, tanto de freno como embrague. Pero, sin duda, esta moto enamora por su motor. Este nuevo propulsor está llenísimo, como es habitual en las configuraciones de tres cilindros, pues actúa con carácter y suavidad prácticamente en cualquier régimen. Es una mecánica con mucha personalidad, preparada en todo momento para ofrecer un tacto deportivo, subiendo de vueltas siempre con mucha entereza y sin apenas vibraciones. Es una configuración mecánica que juega entre dos mundos, el de los bicilíndricos y tetracilíndricos, repartiendo la potencia en un abanico más amplio de regímenes, sin el fuerte carácter de los 'bi' en bajos ni de los 'tetra' en altos, pero con un mayor compromiso en medios, sobre todo a partir de las 3.000 rpm, que ayuda a tener una respuesta eficaz en adelantamientos o salidas fulgurantes de curvas y, sobre todo, una portentosa elasticidad que no nos obliga a estar constantemente llevando la puntera de nuestro pie izquierdo a la palanca del cambio. Con un par de marchas puedes vivir en una serpenteante carretera. Esta versión 800 ha visto realzada su estabilidad respecto a la 660, sobre todo a ritmos altos, debido a esos cambios en las geometrías y basculante. Es una moto que ofrece mucha neutralidad en curvas, con trazadas precisas y cambios de dirección suficientemente ágiles, y unas suspensiones de tarados blandos y confortables, que la convierten en una moto apta para viajar y disfrutar de una carretera revirada por su fusión de comodidad y ciclística eficaz. La nueva Tiger Sport 800, que está disponible desde 12.395 euros, es en definitiva una moto que, sin llegar a ser desmesurada en prestaciones o rendimiento deportivo como otras grandes Sport-Touring, ofrece un equilibrio bastante acertado entre un motor estimulante y una parte ciclo eficaz. Esto la convierte en una rutera 'midsize' que no genera tantos compromisos, pues es fácil de manejar y su potencia es relativamente dócil. Bien apoyada por una electrónica de última generación y con unas dimensiones accesibles, es además una multiusos apta para desplazamientos diarios.

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