EL MUNDO
Cada año desde 2014, una pequeña comunidad musulmana perseguida como hereje en Pakistán envía a España a jóvenes predicadores. Los ahmadíes recorren pueblos y ciudades con mochilas llenas de folletos y leen la Península como una antigua tierra islámica dormida. Su método es pacífico; su imaginario, explosivo: Al-Ándalus, Covadonga, Granada y la promesa de "ganar corazones" Leer
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