ABC
El huevo hace tiempo que dejó de ser un alimento controvertido por su contenido en colesterol, a ser reconocido por su alto valor nutricional. Y es que durante años ha sido un alimento que ha estado en el punto de mira de la nutrición por su supuesto efecto negativo sobre la salud cardiovascular. No obstante la literatura científica cada vez es más clara sobre sus beneficios. Lejos de ser perjudicial, puede ser un gran aliado de una dieta equilibrada. Sin duda es uno de los alimentos más versátiles y nutritivos, está presente en la mayoría de cocinas españolas, aunque su conservación genera dudas frecuentes. Y es que lo primero que solemos hacer con ellos en cuanto los compramos en el supermercado es meterlos en la nevera. Un gesto automático, pese a que en el establecimiento de turno los hemos cogido de algún estante sin refrigerar. La divulgadora científica Marian García, conocida como Boticaria García, ha explicado en una de sus publicaciones en las plataformas digitales por qué los huevos se venden en los supermercados a temperatura ambiente pero deben conservarse en el frigorífico una vez en casa. Según explica la experta, la clave está en la estructura de su cáscara. Esta «contiene entre 7000 y 17000 poros microscópicos que pueden permitir la entrada de bacterias como la salmonela». Para evitarlo, el huevo «cuenta con una capa protectora llamada cutícula», que «actúa como barrera natural antibacteriana». Sin embargo, esta protección es frágil y puede deteriorarse si se producen cambios bruscos de temperatura. «La cutícula es sensible. Y si el huevo suda, es decir, si se forma condensación aquí, la cutícula se puede disolver. Y entonces las bacterias pueden colarse», cuenta la experta, que explica que por este motivo, los supermercados evitan refrigerarlos, ya que un traslado posterior a ambientes cálidos favorecería esa condensación. «Si estuvieran en frío en la nevera del súper y luego los metes en el maletero del coche a 30 grados, los huevos sudarían y adiós cutícula», reconoce. En cambio, en el hogar la situación es distinta. Las cocinas presentan variaciones constantes de temperatura debido al uso del horno, la ventilación o los cambios estacionales, lo que aumenta el riesgo de sudoración del huevo. Por ello, la especialista recomienda guardarlos en el frigorífico, donde la temperatura se mantiene estable hasta su consumo. No obstante, también advierte de un error habitual: colocarlos en la puerta de la nevera. «Es el peor sitio», dice, ya que cada apertura provoca oscilaciones térmicas que pueden afectar a su conservación. Por eso, aconseja situarlos en zonas interiores y sacarlos solo en el momento de cocinarlos. De este modo, se reduce el riesgo sanitario y se garantiza un consumo seguro de un alimento básico en la dieta diaria de millones de personas en España. «Di no a las hueveras en la puerta de la nevera», concluye la divulgadora, que insiste en que pequeños gestos cotidianos pueden marcar la diferencia en seguridad alimentaria. Además, recuerda que no es necesario lavar los huevos antes de guardarlos, ya que la humedad también puede dañar la cutícula. En caso de suciedad, recomienda limpiarlos justo antes de su uso con agua y secarlos bien después.
Go to News Site