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En el corazón del Casco Viejo de Bilbao, entre el bullicio de sus siete calles, se erige la Catedral de Santiago, el templo más antiguo de la ciudad y el punto desde el que ha latido su vida diocesana. En el programa 'Un lugar en la tierra' de TRECE, el deán y párroco Luis Alberto Loyo ha desvelado al sacerdote y presentador Fidel Gómez la rica historia que guardan sus muros, confirmando su papel como el "centro neurálgico religioso de Bilbao". A primera vista, la catedral presenta una imponente fachada neogótica que data del siglo XIX. Según explica el deán, la estructura anterior fue reemplazada y la actual se inauguró en 1888. Esta fachada incluye elementos como el tintinábulo y el conopeo en su parte superior, indicativos de su rango de basílica, junto a las figuras de los apóstoles Pedro y Pablo. Sin embargo, el verdadero tesoro arquitectónico se encuentra en su interior. El interior del templo transporta a los visitantes a una época anterior, concretamente a los siglos XIV y XV. Como subraya Loyo, el interior "es un gótico puro", mucho más antiguo que la renovada cara exterior. "Lo que ahora estamos contemplando es del siglo XIV, XV", aclara, marcando el contraste entre el exterior y el alma del edificio. La importancia del templo es capital para entender el nacimiento de la ciudad. Durante el medievo, Bilbao solo contaba con dos iglesias: esta de Santiago y la de San Antón. La Catedral era, en palabras de su deán, "el corazón de la villa", el principal punto de referencia espiritual para los bilbaínos. Su nombre está ligado al Camino de Santiago. Loyo relata que en las excavaciones del año 2000 se hallaron bajo el altar los restos de una antigua ermita dedicada al apóstol Santiago. Este vínculo histórico llevó a que, en 1643, el ayuntamiento solicitara al Papa Urbano VIII que nombrara a Santiago patrono único de Bilbao, una distinción concedida en un momento en que el Papa buscaba unificar los patronazgos de las ciudades. Tras siglos como la iglesia principal de la villa, su estatus cambió a mediados del siglo XX. En 1949, el papa Pío XII reestructuró la diócesis de Vitoria, que era excesivamente grande, creando nuevas diócesis para las tres capitales vascas. Así, el templo fue consagrado como catedral en el año 1950`. Uno de los elementos más llamativos del interior es su presbiterio octogonal y, especialmente, la mesa del altar redonda. Esta elección no estuvo exenta de debate. Se presentaron tres propuestas de altar (redondo, cuadrado y rectangular) y, aunque el obispo de entonces y el propio Loyo se inclinaban por el rectangular, la visión de los artistas prevaleció. El deán recuerda que "ganó la opinión de los artistas" y que el obispo, don Ricardo, "que se dejaba aconsejar, siguió el criterio de ellos". Este episodio revela un interesante diálogo entre la jerarquía eclesiástica y la comunidad artística en la configuración del espacio sagrado. A pocos metros del bullicio del casco viejo, el claustro de la catedral ofrece un remanso de paz. Este espacio, concebido como un "lugar recogido, de recogimiento", representa la clausura y ofrece un espacio de "tranquilidad y sosiego" para la oración y el paseo, un oasis de calma en el vibrante centro de Bilbao.
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