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Apenas 48 horas después del crimen, el principal sospechoso del asesinato de Jesús Tavira contrató a un profesional para que pintara toda la vivienda. Unos trabajos en los que puso especial énfasis en una zona muy concreta: el suelo bajo el que finalmente se localizó el cadáver, sepultado a dos metros de profundidad en el antiguo aljibe de una casa de El Bacarot, partida rural de Alicante. El operario, que ha prestado declaración como testigo ante la magistrada Amparo Rubio, expresó su extrañeza por la naturaleza del encargo, ya que su cliente insistía en que pintara el pavimento, algo muy poco habitual en su oficio. Ajeno todavía al crimen, el testigo aseguró que durante las jornadas de trabajo la estancia desprendía un olor tan nauseabundo que se vio obligado a utilizar mascarilla para poder continuar.
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