Diario CÓRDOBA
A veces las noticias sanitarias llegan al periódico envueltas en el lenguaje de los reconocimientos, las certificaciones y las auditorías. Sin embargo, detrás de esas palabras aparentemente frías suele esconderse algo mucho más hondo: la vida concreta de muchas personas que, después de una enfermedad o de una intervención difícil, necesitan aprender a relacionarse de nuevo con su propio cuerpo, con su intimidad y con el mundo. Por eso merece ser celebrada la certificación de buenas prácticas de humanización obtenida por la consulta de ostomías del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba. No se trata solo de un mérito profesional, que también lo es, sino de una señal de sensibilidad. Significa que se ha comprendido que hay procesos médicos que no terminan en el quirófano ni en el alta hospitalaria, porque continúan después, en la casa, en el espejo, en la ropa, en el miedo a salir, en la vida familiar, en el trabajo y hasta en la forma de volver a sentirse una persona segura de sí misma. Quienes conocen de cerca esta realidad saben que una atención verdaderamente humana no consiste únicamente en explicar un procedimiento o entregar un material sanitario. Consiste en acompañar. En hablar con delicadeza. En enseñar sin prisa. En comprender el pudor, la inseguridad, el desconcierto inicial y esa mezcla de gratitud y fragilidad con la que muchas personas llegan a una consulta buscando no solo una solución práctica, sino también un poco de serenidad.
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