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Justicia, corrupción y la grieta de la confianza | Collector
Justicia, corrupción y la grieta de la confianza
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Justicia, corrupción y la grieta de la confianza

A uno le cuesta entender cómo funciona la justicia: sus tiempos, sus silencios, sus argumentos y sus sentencias. Es normal. Somos legos en estas cuestiones y, por eso, conviene investigar, escuchar a los expertos y dejar a un lado las elucubraciones . El terreno de juego son los juzgados; los equipos, jueces y fiscales. Sobre el papel, todos deberían actuar con imparcialidad, aplicando la ley sin mirar el nombre, el cargo o la ideología de quien tienen delante. No se juzgan simpatías: se juzgan hechos, indicios, pruebas y declaraciones. Así debería funcionar el Estado de derecho . Toda persona investigada conserva su derecho a la presunción de inocencia. No bastan el ruido mediático ni la sospecha política . Los hechos deben sostenerse en indicios sólidos y, llegado el juicio, en pruebas concluyentes. La justicia no debería fabricar titulares; debería acreditar verdades. Pero jueces y fiscales también son ciudadanos . Tienen creencias y afinidades. Por eso existen controles, recursos y órganos de gobierno. La separación de poderes no es una frase para decorar manuales: es la arquitectura que impide que el edificio democrático se venga abajo. Mientras discutimos sobre jueces, fiscales y políticos opinando unos de otros, la corrupción sigue ahí, como enfermedad crónica . España obtuvo 55 puntos sobre 100 en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025 y cayó al puesto 49 mundial. No somos un Estado fallido, pero tampoco un ejemplo de limpieza institucional. La lista de casos sentenciados no invita al optimismo: Gürtel , la caja B del PP, Nóos , tarjetas black , caso Palau , Filesa y piezas del caso ERE de Andalucía . Distintos territorios, partidos y mecanismos; una misma sombra: poder usado para beneficio propio, financiación irregular, favores y contratos. En los ERE conviene matizar que el Constitucional anuló condenas relevantes, aunque el caso sigue siendo símbolo de corrupción socialista. Quizás haya algo de cierto en aquella frase atribuida a Aznar: “ El que pueda hacer, que haga ”. Algunos entendieron el “hacer” no como gobernar mejor, sino como aprovechar mejor. Si fue así, estamos jodidos. Lo urgente no es solo indignarse, sino cerrar grietas : controles sobre cargos públicos, fiscalización real del ejecutivo, órganos independientes, protección a denunciantes y sanciones que no lleguen cuando el daño ya es arqueología. La corrupción no roba solo dinero público. Roba confianza, legitimidad y esperanza . Y sin confianza, una democracia no cae de golpe: se agrieta despacio. ________________ Carlos Brage es socio de infoLibre.

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