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La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta clave para la prevención del suicidio y el cuidado de la salud mental. Un ejemplo destacado es el proyecto STOP, una iniciativa nacida en la Universidad Pompeu Fabra y dirigida por la investigadora Ana Freire. Este proyecto utiliza la IA para estudiar el comportamiento en redes sociales de usuarios con ideación suicida, depresión o trastornos de la conducta alimentaria, con el fin de ofrecerles ayuda. El sistema funciona mediante algoritmos entrenados con el conocimiento de psicólogos y psiquiatras. Estos profesionales proporcionan al sistema ejemplos de perfiles de usuarios que muestran una ideación suicida real y otros que no, permitiendo a la IA aprender las características comunes de las personas en situación de vulnerabilidad. “La inteligencia artificial nos permite ayudarnos a identificar qué tipo de perfil es el más habitual en redes sociales con agresión suicida o trastornos asociados”, explica Freire. Gracias a este análisis, se pueden dirigir campañas con teléfonos y chats de apoyo emocional gratuitos a un público específico que las recibe con gran éxito. Los resultados del proyecto STOP son tangibles y han salvado vidas. Según relata su directora, en la primera campaña que lanzaron, tres personas llamaron a los teléfonos de ayuda tras ver los anuncios, y una de ellas fue rescatada de un suicidio inminente. En una campaña más reciente de solo tres meses, se gestionaron 25 activaciones de servicios de emergencia que resultaron en dos rescates. El proyecto ha logrado impactar a más de 700.000 personas e incrementar en un 60% las llamadas al teléfono de la esperanza, y su éxito ha traspasado fronteras, expandiéndose a países como Colombia, Chile, Perú y Panamá. La necesidad de un enfoque humanista en el desarrollo tecnológico es una de las claves que defiende Ana Freire, quien también es fundadora de “Wisibilízalas” para fomentar vocaciones STEM entre las jóvenes. “Necesitamos una inteligencia artificial más humana, ética y consciente de su impacto social, especialmente en ámbitos sensibles como la salud mental, la educación o la información”, subraya la investigadora. Este es precisamente el espíritu del ciclo ‘VisionarIAs’, impulsado por Campus Fundación Ibercaja en el marco de su 150 aniversario. Zaragoza ha acogido la primera sesión bajo el título “Herencia y orígenes, el pasado de la IA”. El encuentro ha reunido a Freire con Elisenda Bou-Balust, cofundadora de Vilynx, la primera startup española de IA adquirida por Apple. La conversación estará moderada por Esther Borao, directora del Instituto Tecnológico de Aragón (ITA). El ciclo ‘VisionarIAs’ nace como un espacio de reflexión y pensamiento crítico sobre el impacto real de la inteligencia artificial. A través de varios encuentros con mujeres referentes, se abordará el pasado, presente y futuro de esta tecnología, explorando sus oportunidades y retos éticos. “La inteligencia artificial no apareció de repente: es el resultado de décadas de investigación y decisiones humanas”, explica Bou-Balust, recalcando la importancia de comprender sus orígenes. La sesión analizará la historia de la IA, desde los primeros sueños de máquinas pensantes hasta el aprendizaje automático, destacando el papel de las mujeres, a menudo invisibilizado en la historia de la tecnología. El objetivo es ir más allá de la divulgación técnica para situar la IA en el centro de los grandes debates de nuestro tiempo.
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