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Con la llegada del verano, los ayuntamientos de A Mariña ya preparan la contratación de socorristas, un proceso que se presenta complicado un año más. De su éxito dependen no solo la seguridad en los arenales, sino también las banderas azules que ondearán en ellos, un distintivo que exige personal de vigilancia cualificado. De hecho ya son varios los veranos en que se han sacrificado banderas por no poder garantizar el servicio de socorrismo todas las horas necesarias. Esto ha pasado en ayuntamientos como Foz o Barreiros, entre otros. La escasez de socorristas es un problema recurrente, motivado en gran parte por la estacionalidad de un trabajo que lleva a los salvavidas a buscar otros empleos para vivir durante el resto del año. Esta situación también lleva a estos profesionales a buscar las mejores condiciones posibles, generando una fuerte competencia entre los municipios. Y esas condiciones vienen tanto del salario como de los medios de salvamento con que cuenten, y en el estado en que se encuentren, los contratos para temporadas más largas. Según explica Nuria Rodríguez, portavoz de la Federación de Salvamento y Socorrismo de Galicia, la comarca de A Mariña sufre especialmente la competencia de Asturias. En la comunidad vecina, las condiciones económicas son mejores y los contratos tienen mayor duración, lo que provoca que muchos profesionales gallegos decidan trasladarse allí durante la temporada estival. A esta situación se suma un desequilibrio en la validación de las titulaciones. Mientras que la formación obtenida en Galicia permite trabajar en cualquier lugar de Europa, la inversa no siempre es posible. "Los cursos que se realizan en Asturias, a no ser que sean certificados de profesionalidad, [...] no pueden venir a trabajar a Galicia", aclara Nuria González, presidenta de la federación. Esta falta de reciprocidad impide un "intercambio de socorristas" entre ambas comunidades, agravando la escasez en Galicia. "Esto provoca que sí, que haya socorristas de Galicia que se vayan allá, pero que no tengamos ese recambio", lamenta González, quien confirma que "hay una necesidad o una falta de socorristas que venimos viendo desde hace tiempo". La dificultad para contratar personal supone un serio hándicap para las banderas azules. Uno de los requisitos que impone ADEAC, la organización que concede los distintivos, es garantizar la vigilancia ocho horas al día. Con jornadas laborales de 37,5 horas semanales por convenio, los ayuntamientos necesitan organizar turnos y, por tanto, contratar más personal. Esta necesidad choca directamente con los presupuestos limitados de los consistorios, que se ven inmersos en una especie de subasta por los profesionales disponibles. La provincia de Lugo ha conseguido 17 banderas azules este año, pero verlas ondear durante todo el verano dependerá de la capacidad de los municipios para atraer y retener a los socorristas. González describe la situación como una "puja de socorristas" en la que "al final, se lo lleva siempre el que mejores condiciones ofrece". Ante esta realidad, la presidenta de la federación subraya que las condiciones laborales en la comunidad gallega deberían ser "igual o mejor" para poder competir y asegurar la vigilancia en sus costas.
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