COPE
El bono social eléctrico, un descuento en la factura de la luz dirigido a consumidores vulnerables, contribuye a reducir la pobreza energética en España, pero no lo hace de forma equitativa. Esta es la principal conclusión de una investigación reciente de la Universidad de Oviedo y la Copenhagen Business School, que analiza el impacto de esta ayuda en los hogares españoles y que ha sido publicada en la revista Energy Economics. El estudio, basado en datos de hogares españoles entre 2021 y 2023, revela que el bono social no llega a todos los que lo necesitan. De hecho, los investigadores han constatado que los hogares con menores ingresos, precisamente los más vulnerables, son los que acceden en menor medida a la ayuda, en comparación con otros que no se encuentran en una situación tan extrema. Según Ana Rodríguez-Álvarez, catedrática de Economía de la Universidad de Oviedo, “este resultado podría estar relacionado con la falta de información, así como con la complejidad de los trámites necesarios para solicitarla, lo que dificulta su acceso a quienes más la requieren”. La investigadora añade que, dentro de los hogares vulnerables, “son aquellos con mayor nivel educativo o con acceso a herramientas como un ordenador, los que presentan niveles relativamente menores de pobreza energética, probablemente porque acceden mejor a la información y a las ayudas disponibles”. La investigación desvela una segunda limitación relevante. Incluso cuando los hogares más desfavorecidos logran acceder al bono, los resultados muestran que son aquellos para los que el efecto estimado del bono resulta más limitado. Es decir, aunque la ayuda tiene un efecto positivo, su impacto no se distribuye de manera uniforme, perjudicando a los más pobres entre los pobres. “Nuestro trabajo sugiere que algunos hogares vulnerables podrían enfrentarse a limitaciones estructurales que dificultan que la ayuda se traduzca en mejoras significativas de su situación energética”, indica Manuel Llorca, investigador de la Copenhagen Business School. “En resumen, nuestro estudio indica que no solo hay un problema de acceso al bono social, sino también de la capacidad real de los hogares más vulnerables para mejorar su situación energética aun con esa ayuda”, añade. La investigación confirma que la pobreza energética se agravó durante la reciente crisis energética, impulsada por el aumento de los precios de la energía tras la pandemia y el contexto internacional. En este sentido, el actual escenario de incertidumbre geopolítica y volatilidad en los mercados energéticos podría volver a intensificar el problema en los próximos meses, tal y como apuntan los últimos datos del INE de 2024, que señalan que casi el 18% de la población española no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada. Ante esta situación, el estudio plantea varias líneas de actuación para mejorar la eficacia del bono social eléctrico. Entre ellas, destacan la necesidad de mejorar los mecanismos de identificación de los hogares vulnerables, por ejemplo, mediante el uso de datos fiscales o de prestaciones sociales que permitan automatizar el acceso a la ayuda. Asimismo, se subraya la importancia de simplificar los procedimientos administrativos y reducir las barreras burocráticas. Además, los autores destacan la necesidad de complementar el bono social con medidas estructurales, como la mejora de la eficiencia energética de las viviendas, que permitan reducir el problema a largo plazo. Finalmente, el estudio apunta a la conveniencia de revisar periódicamente el diseño de la ayuda para adaptarla a la evolución de los precios y a los cambios en el contexto económico. “Nuestros resultados ponen de manifiesto que, aunque el bono social eléctrico constituye una herramienta útil, presenta importantes limitaciones en términos de cobertura y eficacia. Así, mejorar el acceso a la ayuda y adaptarla a las necesidades de los hogares más vulnerables será clave para aumentar su impacto”, coinciden ambos investigadores.
Go to News Site