Cope Zaragoza
La naranja es mucho más que un simple cítrico. Su historia es un viaje milenario que abarca continentes, desde el sudeste asiático hasta los campos de Málaga, y su influencia se ha impregnado en nuestro lenguaje con expresiones tan comunes como “naranjas de la China”, "nanai de la china" o “encontrar tu media naranja”. El origen de estas frases, lejos de ser casual, revela una fascinante mezcla de historia, comercio y hasta filosofía clásica. Durante esta época, muchas fiestas comarcales rinden homenaje a este fruto, como por ejemplo la tradicional Fiesta de la Naranja de Coín una celebración declarada de interés turístico por la Diputación de Málaga que sirve como excusa perfecta para profundizar en su legado. El viaje de la naranja comienza en el sánscrito, con la palabra 'naranja'. Según explica en COPE Más Sabor, un programa dedicado a los productos con el sello 'Sabor a Málaga', la investigadora y escritora sobre cocina tradicional, Ana Abellán, el fruto es originario de China, donde se cultivaba hace más de 5.000 años. Sin embargo, aquellas primeras variedades poco tenían que ver con las que conocemos hoy. “Las primeras naranjas eran verdes, no eran naranjas, y era un híbrido entre pomelo y mandarina”, aclara Abellán. Inicialmente, no se destinaban al consumo, sino que se utilizaban como plantas ornamentales debido a su intenso amargor. Fue alrededor del siglo X cuando la naranja amarga comenzó su expansión hacia Europa, llegando a través de la Ruta de las Especias, la Ruta de la Seda y el transporte marítimo por el Mediterráneo. En aquella época, las especias tenían un valor inmenso, llegando a usarse como moneda de cambio. Sin embargo, la fruta que llegó a nuestras costas seguía siendo agria y no apta para el consumo directo. Hubo que esperar hasta los siglos XVIII y XIX para que, gracias a los injertos desarrollados por los portugueses, surgieran las variedades dulces y jugosas que hoy protagonizan nuestras mesas. La naranja no solo ha conquistado paladares, sino también el imaginario colectivo. La romántica idea de “encontrar tu media naranja” tiene sus raíces en la Antigua Grecia, concretamente en la obra “El Banquete” de Platón. En este texto, se narra que los seres humanos eran originalmente esferas perfectas, tan completas que despertaron la envidia de Zeus. El dios, temeroso de su poder, los partió por la mitad con un rayo, condenándolos a una búsqueda perpetua de su otra parte. Siglos más tarde, en el siglo XIX, varios escritores retomaron este concepto y utilizaron la naranja como símil del ser perfecto. Así, la búsqueda de la otra mitad se convirtió en una metáfora romántica: “Te vas a pasar toda tu vida buscando a la otra parte de ti que te complementa”. Por otro lado, la expresión “naranjas de la China”, utilizada para mostrar incredulidad o negación, tiene un origen puramente logístico. La idea de que un fruto pudiera viajar desde un lugar tan remoto como China y llegar en buen estado a Europa parecía increíble para la gente de la época. Esta percepción dio lugar a la frase, que se consolidó como sinónimo de algo imposible o falso. De esta misma idea deriva la expresión “nanai de la China”, que funciona como una negación rotunda basada en esa misma desconfianza histórica. La Fiesta de la Naranja de Coín es el escenario perfecto para celebrar la riqueza de este producto. Durante la jornada, los asistentes pueden disfrutar de degustaciones que van desde el zumo de naranja fresco, que curiosamente era la bebida favorita de Michael Jackson, hasta platos más elaborados como la ensaladilla de bacalao con naranja. Sin embargo, el plato estrella es, sin duda, la sopa hervía, una receta emblemática de la gastronomía local que se ofrecerá en degustaciones para todos los visitantes. La sopa hervía pertenece a una categoría de platos malagueños conocidos como “sopas poncima”. Su nombre, como explica Abellán, proviene de la técnica de elaboración: se prepara un sofrito con pan y, posteriormente, se le vierte caldo “por encima”. Estas sopas son comidas de campo, platos de subsistencia que aprovechaban los ingredientes disponibles. Málaga cuenta con una gran variedad de ellas, como las sopas perotas de Álora, la de los siete ramales de El Burgo, la sopa de aplastar de Pizarra o las hervías de Cártama. La receta de la sopa hervía de Coín es un ejemplo de cocina de aprovechamiento. Se elabora con una base de patatas y ajos fritos, a la que se añade un sofrito de pimiento y tomate. Dependiendo de la temporada, se incorporan verduras como habas, chícharos (guisantes) o espárragos. El paso crucial llega al añadir el pan cateto pellizcado, cubrirlo con caldo y dejarlo cocer a fuego muy lento sin moverlo. Tras unos diez minutos, se retira del fuego y se deja reposar tapada con un paño. Se sirve acompañada de naranja fresca, rabanillas, higos o aceitunas. La cultura gastronómica de la región demuestra un ingenio extraordinario para no desperdiciar nada, y la sopa hervía es un claro ejemplo. De un mismo plato principal, surge un segundo. Esta costumbre se materializa en el “mojete”, una práctica que consiste en apartar un poco de la sopa sobrante y enriquecerla con huevo duro, sal y un chorro de aceite de oliva. El resultado es una especie de paté que se disfruta mojando pan. Como resume Avellán, esta tradición es una lección de cocina tradicional: “El mojete es sacar un segundo plato de un primer plato”. La historia de la naranja, desde su origen como un fruto ornamental en China hasta convertirse en el eje de fiestas y recetas en Málaga, es un reflejo de cómo la cultura, la agricultura y la gastronomía se entrelazan. Apostar por productos locales como la naranja de Coín no es solo una elección culinaria, sino también una forma de preservar un patrimonio cultural y una historia que ha viajado miles de kilómetros para arraigarse en nuestra tierra y en nuestro lenguaje.
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