Cope Zaragoza
El Papa León XIV ha presidido este domingo la Misa de Pentecostés, solemnidad que culmina el tiempo de Pascua, con una homilía centrada en la figura del Espíritu Santo. El Pontífice ha explicado cómo Jesús resucitado, al aparecerse a sus discípulos en el cenáculo, les infundió el Espíritu, transformando el miedo en alegría y convirtiendo el lugar de la traición en una fuente de resurrección para toda la Iglesia. Durante su alocución, el Papa ha recordado el pasaje del Evangelio en el que Jesús muestra sus manos y su costado, las heridas de la crucifixión ya transfiguradas. “Aquel que estaba muerto vive para siempre”, ha subrayado. Este gesto, unido a las palabras “¡La paz esté con ustedes!”, precede al momento en que sopla sobre los apóstoles, dándoles el Espíritu Santo y, con él, la vida de Dios. El primer aspecto que ha abordado el Santo Padre es que “el Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz”. Según ha detallado, en la Pascua, Cristo reconcilia a Dios con la humanidad, y el Espíritu Santo se encarga de infundir esa paz en los corazones y difundirla en el mundo. Una paz que, ha precisado, “viene del perdón y nos lleva al perdón”. En este sentido, ha destacado las palabras con las que Jesús confía a sus discípulos una obra divina: “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen”. Para el Papa, esta autoridad se otorga bajo el signo de una reconciliación universal, ya que el Señor “no excluye a nadie”. Así, Pentecostés se celebra como la fiesta del nuevo Pacto, una alianza entre Dios y todos los pueblos de la tierra, donde la ley divina se inscribe en los corazones “con caracteres de amor”. En segundo lugar, el Papa León XIV ha afirmado que el Espíritu del Resucitado es también el Espíritu de la misión. Citando a Cristo, “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”, ha explicado que todos los fieles son partícipes de la misión de Jesús. El Espíritu Santo se convierte en “la caridad viviente de Cristo que nos desborda, nos impulsa, nos sostiene en la misión”. El Pontífice ha señalado que la primera obra del Espíritu en las personas es la fe, expresada en la profesión “Jesús es el Señor”. Esta fe, ha continuado, “vive y se expresa en cada buena acción, en cada acto de misericordia y de virtud”. Por ello, ha insistido en que “toda la Iglesia es protagonista, no sólo guardiana” del Evangelio, y que el anuncio debe estar colmado de alegría y esperanza, transformando la confusión del mundo en comunión. El tercer y último aspecto de la homilía ha sido el del “Espíritu de la verdad”. El Papa ha recordado que el Señor prometió este Espíritu pidiendo unidad para su Iglesia, una unidad “fundada en el amor de Dios”. El Espíritu, ha dicho, “promueve siempre la unidad en la verdad, porque suscita en nosotros comprensión, concordia y coherencia de vida”. Asimismo, ha advertido que el Paráclito defiende a los creyentes “de los prejuicios, de las hipocresías y de las modas que apagan la luz del Evangelio”. Ha concluido este punto explicando que el Espíritu no se infunde una sola vez, sino de forma constante a través de los sacramentos como el Bautismo, la Confirmación y el Orden, multiplicando dones y carismas para el bien común. Finalmente, el Papa León XIV ha concluido su homilía con una sentida oración. “Con corazón ardiente, pidamos hoy que el Espíritu del Resucitado nos salve del mal de la guerra, que es vencida no por una superpotencia, sino por la omnipotencia del amor”. También ha pedido rezar para que “libere a la humanidad de la miseria” y sane “del flagelo del pecado”, por la intercesión de María, Madre de la Iglesia.
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