La Jornada
Quien piense que la presidencia imperial se instrumenta a partir de los tóxicos y repetitivos mensajes simplistas e infantilizantes del autócrata Donald Trump desde la Oficina Oval y su cuenta en Truth Social, se equivoca. Quienes lo pusieron allí desde el riñón del Estado profundo ( deep state) diseñaron un plan estratégico neocolonialista, que más allá de sus ajustes y resultados –y del sesgo paranoico, la teatralidad y las mentiras verificables impulsadas tácticamente por el magnate– se ha venido cumpliendo. En particular, en lo que tiene que ver con América Latina y el Caribe como espacio vital (Lebensraum) del imperio, que abarca a México como un objetivo estratégico.
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