ABC
Aún con los ojos vidriosos y las palabras del Santo Padre resonando en sus corazones, los miles de peregrinos que estuvieron en la vigilia de los jóvenes fueron saliendo poco a poco de la Plaza de Lima, cada uno hacia un Madrid diferente. La ciudad, desde ese momento y de norte a sur, comenzó a separarse en un mosaico de vigilias, todas distintas pero igual de intensas. «Nadie quiere irse a dormir todavía» comenta un grupo de jóvenes que ya han cumplido la mayoría de edad a ABC. Ellos, que vienen de Sevilla pasarán la noche (lo de dormir es un acto de fe) sobre sus esterillas. Nos topamos con unos cuantos que tienen ese mismo plan nocturno en la propia plaza donde el Papa León XIV quiso decirle a la juventud que fuera humana: «¡Sí, sed humanos! Hombres y mujeres de carne y hueso y no apariencias, sino rostros fiables». Es precisamente esa invitación a encontrarse con los demás la que parece prolongar la vigilia más allá del acto oficial. Nadie tiene demasiada prisa por regresar a sus alojamientos, y muchos se muestran decididos a no dormir antes de asistir a la misa en Cibeles o, incluso, aprovechar para visitar la capital. También nos topamos con unos amigos, ya pasan la veintena, que han pensado acercarse a la iglesia de los Sagrados Corazones, a solo unos metros de la plaza, donde el Santísimo estará expuesto durante toda la madrugada. La cosa cambia para los menores de edad, que siempre van acompañados de un responsable y tienen asignado un colegio en el que dormir. En los alrededores del Bernabéu, hordas y hordas de chavales caminan con un mismo destino final: el colegio San Agustín de Padre Damián, que tiene habilitado el polideportivo para que cientos de jóvenes puedan, aunque sea, echar una cabeza. Con sus sacos de dormir y esterilla en mano, un grupo de Alcorcón cuenta a ABC a media noche que mañana sobre las cinco de la mañana estarán en pie: «Hoy dormiremos poco». Cerca de la Plaza de la República de Argentina, unas amigas de Madrid se paran en un bar de hamburguesas a tomar algo: «Igual hoy alargamos un poco, porque nos vamos a dormir a nuestra casa», dice la más animada. Otra, más cansada, ya da el día por acabado: «Yo me recojo ya», confiesa mirando al resto buscando complicidad. Unas cien religiosas con hábitos vaqueros -son de la inconfundible orden de Iesu Communio- todavía no saben muy bien dónde pasarán la noche, pero tampoco se las ve demasiado preocupadas, están felices de haber vivido ese momento. Después del multitudinario acto, los corrillos han tomado el asfalto. Los hay más tranquilos que se han quedado rezando en silencio y hasta da cierto reparo interrumpirles. De hecho, parece innecesario molestarles con una pregunta, pues se percibe en todos ellos una alegría pura y serena después de haber podido mirar y escuchar el mensaje de León XIV. Otros sí van caminando hacia sus alojamientos, como un grupo de unos veinte adolescentes (con profesor incluido) que vienen del pueblo de Manzanares (en Ciudad Real). Son de un colegio de los concepcionistas y se albergan en otro centro de la misma orden en la calle Princesa, a la que llegarán en metro, al que ya han puesto rumbo. En un caso similar están decenas de universitarios que han venido desde la Universidad Católica de Murcia y que, según nos cuentan, tratarán de recuperar fuerzas para la misa de Cibeles en un colegio francés del Barrio de Salamanca. «Porque nosotros somos todos padres, pero el ambiente invita a quedarse un ratito más», dicen apoyados en el maletero de su coche dos matrimonios rodeados de niños de entre cinco y seis años. Sus hijos, que en realidad están aún con las pilas cargadas, fueron seleccionados para recibir al Santo Padre vestidos de «pequeña Guardia Suiza». «Hemos salido en Antena 3, ¿sabes?», nos quiere informar uno de ellos, emocionadísimo. A unos metros, en el Holy Mary British Catholic School, una monja pasa lista a las puertas de un pabellón al que van pasando niñas entre los diez y los dieciséis años. También hay tertulias de amigos conversando en voz alta (son españoles, por supuesto) donde los miembros se interrumpen y se ríen de las anécdotas de un día largo pero que ya intuyen que recordarán siempre. En las terrazas de la zona se mezclan los asistentes a la vigilia con el resto de los madrileños, y llega un momento que es difícil distinguir entre quién es ateo, quién es creyente y quién agnóstico. Hay corrillos bailando, aún entonando los cánticos de la visita, pero también se ven intercambios de teléfonos entre grupos de distintas nacionalidades y círculos que se van haciendo cada vez más grandes con la incorporación de nuevos miembros. Para los que renuncian incluso a la esterilla, Madrid ha previsto actividades culturales gratuitas hasta las cinco de la mañana, momento en el que se prevé que los fieles comiencen a dirigirse hacia la misa. Por ejemplo, los peregrinos pueden asistir al Museo Reina Sofía y aprovechar para ver en las horas previas a la eucaristía el 'Guernica' de Picasso, cuadro que precisamente el Papa menciona en su primera y única encíclica 'Magnifica Humanitas'. En este documento en el que el Pontífice se centra en la inteligencia artificial y matiza la doctrina sobre la guerra para defender que no hay guerras justas, el 'Guernica' aparece citado como símbolo universal «contra la deshumanización». Asimismo, hasta las 00:30 horas ya del domingo, los peregrinos pueden entrar en el Museo del Prado, en lo que se ha llamado 'La noche en blanco y amarillo', colores de la bandera del Vaticano. Allí, se propone a los visitantes una nueva aproximación a las colecciones de pintura religiosa bajo el título 'La belleza y algo más', donde se invita al visitante no solo a que disfrute de la calidad artística de las obras, sino también de la sensibilidad de sus autores y de la dimensión espiritual que ha marcado la historia cultural europea. De entre todas las obras, destaca de manera especial 'La Visitación' de Pontormo, que muestra el momento en el que la Virgen María, embarazada de Jesús, visita a Santa Isabel tras el anuncio del ángel. La oferta, en todos ellos, es rica y casi inabarcable, adaptada a la visita apostólica del Santo padre a España. Después de tener la oportunidad de visitar de forma gratuita la práctica totalidad de museos madrileños, los peregrinos más trasnochadores tienen la posibilidad de asistir, hasta las cinco de la mañana, a los Teatros del Canal que abrirán hasta completar aforo con actuaciones del Ballet Español, Clara Montes, Alfonso Acosta Pantera y hasta habrá sesiones de DJs. La madrugada pasará volando para los que lograron coger el sueño, los que se quedaron rezando toda la noche o los que llegaron a ver el 'Guernica'. Poco antes de las cinco, cuando el cielo empiece a aclararse sobre la Castellana, las conversaciones se irán apagando, algunos recogerán las esterillas y otros saldrán de las iglesias donde han pasado la noche en adoración. Los más rezagados irán corriendo hacia Cibeles para no perderse la misa del Papa León. Madrid, esa ciudad a la que le gusta acostarse tarde por naturaleza, esta vez se ha quedado despierta por la fe.
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