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En 2005, Didier Drogba, histórico delantero del Chelsea campeón de la Champions 2012, logró detener la Guerra Civil de Costa de Marfil tras liderar a su país hacia el Mundial 2006. El jugador africano logró sentar en el mismo palco a líderes políticos y militares de ambos bandos y unos meses después el conflicto llegó a su fin. El poder del fútbol tuvo mucha 'culpa'. Dos décadas después, Haití sueña con que ocurra algo parecido. La pequeña nación caribeña disputará 52 años después su segundo gran torneo cuando todo lo que no tiene que ver con el balompié fracasa con estrépito dentro de sus fronteras. Sumergido en una terrible crisis económica desde el terremoto de 2010, el país es un desgobierno en el que las pandillas están al mando. Secuestros, actos terroristas, tiroteos en plena calle... Haití es una ruina a la que el mundo ha abandonado. A pesar de que no tiene una estrella internacional como Drogba, confía en que la repercusión que genera su presencia en la cita de Estados Unidos, México y Canadá ponga la primera piedra en su retorno a la democracia y prosperidad. El estado vecino de República Dominicana cuenta con 12 millones de habitantes. Ninguno ha podido acompañar a Les Grenadiers, un apodo en honor al regimiento militar clave en la Guerra de Independencia que en 1804 puso fin a la presencia francesa en la isla. La selección de Haití no pudo disputar ni un partido como local en la fase clasificatoria ya que ningún vuelo internacional puede aterrizar en su capital, Puerto Príncipe. Tampoco ha puesto un pie en su territorio Sébastien Migné, el técnico que ha obrado el milagro. Nacido en la región del Loira gala, Migné tomó las riendas de Haití en junio de 2024 tras una dilatada carrera por el fútbol amateur francés y un buen puñado de selecciones africanas, la última Camerún, con la que ejerció de segundo entrenador en el Mundial de Catar de 2022. Logró un triunfo ante Brasil, con quien se vuelve a ver las caras. «No es el mejor contrato de mi vida, pero es importante para mí», deslizó en su presentación un entrenador que sueña con que su equipo haga un buen papel que le abra las puertas de dirigir en la Premier, su gran objetivo. Aceptó el cargo por la «oportunidad fantástica» que brindaba el hueco que dejaban las tres organizadoras en la Concacaf, que además logró plazas extra tras la ampliación a 48 participantes. Junto a Haití, que superó a tres combiandos superiores como Honduras, Costa Rica y Nicaragua, se beneficiaron Curazao y Panamá. Rozaron la gesta en la repesca Jamaica y Surinam. Durante sus primeros días en el cargo Migné se telefoneaba con empleados de la federación haitiana para elaborar informes sobre potenciales seleccionables, pero después asumió que «es imposible descubrir nuevo talento en Haití. Es un lugar muy peligroso». Hoy esa afirmación tiene un esperanzador matiz. De los 26 jugadores que se lleva al Mundial hay uno que compite en la liga local: el mediocentro defensivo Woodensky Pierre. Viene de firmar el doblete Liga-Copa con el Violette. Una anécdota sobre el partido que decidió el campeonato doméstico ejemplifica el caos que reina en Haití. Se retrasó cuatro horas porque el autobús de su rival, el Baltimore, sufrió un tiroteo cuando estaba varado a causa de una avería. Pierre, 21 años, se incorporó el martes a la concentración en Fort Lauderdale, Florida, después de una secreta travesía para salir de su país. Todos sus compañeros compiten en el extranjero: Estados Unidos, Ecuador, Inglaterra, Suiza, Francia... Haití tiene el honor de contar con el futbolista que juega en la división más baja de los más de 1.200 que estarán en el Mundial. Es el portero Josué Duverger, del Cosmos Koblenz, de la quinta categoría alemana. Más de la mitad del vestuario de Les Grenadiers han nacido fuera de Haití, doce de ellos en Francia. Además de la difícil misión de encontrar talento en el país, Migné ha convencido a varios jugadores descendientes de haitianos para que apuesten por sus orígenes. El mejor ejemplo es Wilson Isidor, extremo de 25 años que juega en el Sunderland, con el que ha logrado la clasificación a la Europa League. 83º en el ranking FIFA, Haití apenas cuenta con argumentos para poder inquietar a Brasil, Marruecos y Escocia, un duro grupo en el que no tiene nada que perder. Fía sus opciones a la velocidad y el físico de sus jugadores. Además de Isidor destacan el delantero Duckens Nazon, máximo goleador histórico (44) de la selección y que juega en el Esteghlal iraní; Frantzdy Pierrot, atacante del Rizespor turco; y el pivote Danley Jean Jacques, del Philadelphia Union. Haití ansía lograr su primer punto en un Mundial. En Alemania Occidental 1974 tuvo otro difícil liguilla con Argentina (4-1), Polonia (7-0) e Italia (3-1). Este último partido pasó a la historia por el primer expulsado por dopaje: Ernst Jean-Joseph.
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