La Opinión de Málaga
Todas las imágenes que conocemos de Fiódor Dostoievski nos trasladan la figura de un hombre mayor, casi anciano, con el rostro apesadumbrado y la mirada opacada por el peso de los años. Pero, como ocurre con todos, hubo un Dostoievski joven y decidido, al que no le arredraba su naciente epilepsia, un joven alimentado por las pasiones románticas de los amores imposibles; pero también tocado por el vicio del juego y el gusto por las mujeres hermosas y que luchaba por hacerse un buen nombre como escritor.
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