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Baltasar Garzón: "Ya no se estilan los golpes de Estado a la antigua usanza, ahora es mucho más refinado" | Collector
Baltasar Garzón:

Baltasar Garzón: "Ya no se estilan los golpes de Estado a la antigua usanza, ahora es mucho más refinado"

La democracia amenazada. Cuando el fascismo ataca la convivencia (Planeta, 2026), es el libro más combativo de Baltasar Garzón (Torres, Jaén, 1955). Una llamada de atención que incita a la acción para evitar que continuemos caminando hacia un punto de no retorno, en la que no faltan argumentos y reflexiones para entender los temas que están impactando en nuestras vidas: desde el aquelarre judicial y la conspiración para acabar con los fiscales generales del Estado (Dolores Delgado primero y Álvaro García Ortiz después) hasta las investigaciones de crímenes del franquismo, los casos de lawfare , la corrupción, el racismo, los bulos o las nefastas consecuencias de la irrupción de Donald Trump en la política internacional. Nos lo cuenta él mismo. ¿Qué es La democracia amenazada ? Un libro de combate que nace desde las tripas, lo cual no implica que no sea de reflexión, que también lo es, porque en él analizo temas con los que llevo muchos años, tanto de política de España como internacional. El subtítulo del libro es Cuando el fascismo ataca la convivencia . Porque analizo el desarrollo de la extrema derecha y la adquisición de un poder que creíamos que nunca iba a conseguir. Aunque en mi obra anterior, Los disfraces del fascismo , de 2022, ya lo anunciaba y avisaba de que esto podía ocurrir, realmente no me imaginaba que iba a ser tan fuerte y tan real aquello que advertía. En esta ocasión, vuelvo a insistir en que todavía estamos en un desarrollo que puede ir a peor. Ya lo hemos visto materializarse en hechos concretos como guerras, invasiones de países, alteración de mecanismos democráticos, secuestro de personas e incluso del presidente de un país. Puedes estar o no de acuerdo con un dirigente, pero representa un país. Todo resulta un poco distópico. Este libro es una advertencia, entonces. Es una llamada de atención, sí, una advertencia. Un grito para preguntarnos: ¿qué estamos haciendo?, ¿qué podemos hacer?, ¿qué está ocurriendo? Para responder a eso acudo a una serie de vectores fundamentales, empezando por la justicia. A partir del análisis de las acciones judiciales respecto a los dos últimos fiscales progresistas, Dolores Delgado y Álvaro García Ortiz. Desde un punto de vista diferente, pero muy similar, en dos salas distintas del Tribunal Supremo ha habido una acción muy concreta y sostenida que me preocupa porque ha desvelado que había una finalidad ultra vires , es decir, más allá de lo que aparentemente estaba aconteciendo. Eso me ha preocupado. ¿Por qué? He seguido especialmente todo el proceso del caso de Álvaro García Ortiz, con el cuestionamiento de principios que rigen el proceso penal y la presunción de inocencia. Es un terreno que creo conocer:  cómo investigar la instrucción de un proceso judicial, la cooperación jurídica internacional, las comisiones rogatorias… Lo que he visto es cómo todo se ha alterado, cómo el rol policial pasa a ser protagonista y hay una especie de sometimiento a las directrices de ese instrumento de investigación y, finalmente, cómo se llega a una solución final, que es la condena del fiscal general. Me preocupa lo que cuento en este primer capítulo, unido al siguiente sobre el lawfare , que es la instrumentalización del derecho con fines diferentes. ¿Hay lawfare en España? Siempre me dicen que acuso a los jueces. Ojo, no. Yo digo que hay lawfare en España, con lo que discrepo con aquellos que dicen que no y que incluso salían en manifestación haciéndose protagonistas exclusivos del lawfare , que fue cuando salían jueces, fiscales con sus togas y demás. No, oiga, el lawfare es mucho más complejo. No es solo una pata judicial, necesita muchos componentes: el político, el mediático, el económico y financiero y el judicial. Hay lawfare interno, horizontal o vertical, es decir, es todo un conjunto de acciones que, utilizando mecanismos jurídicos o de componente judicial, buscan producir otros fines. Y para eso tienen que atravesar algunos más, que puede ser una condena, que puede ser incluso una absolución, porque hay lawfare que se concreta y se posiciona durante ese camino y no busca otra cosa. Es un ataque coordinado desde distintos frentes. Analizando esa situación, llego a la conclusión de que, efectivamente, ese fenómeno existe en España, como en otros países. Pongo ejemplos concretos y no solamente el del fiscal general, sino también otros como los de Mónica Oltra, Victoria Rosell o Pablo Iglesias. Todo esto me lleva a enumerar las amenazas de la democracia: la corrupción, los lobbies, el resurgimiento del nazismo, la desinformación, el cuestionamiento del derecho internacional, la desaparición de la estructura internacional del derecho que se ha construido desde la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo hacia estructuras autoritarias con golpes de Estados blandos. Este es un libro que responde a una idea progresista de la visión del derecho y de su función en una sociedad moderna, frente a quienes cuestionan la vigencia de los derechos humanos. ¿Hemos cometido el gran error de dar por sentada la democracia? Sí, sin lugar a dudas. Hace muchos siglos ya alguien dijo que la democracia, o la libertad, no es un reino conquistado para siempre, sino algo que se hace día a día. Esto es verdad, las instituciones democráticas son estructuras muy complejas que hay que cuidar, valorar, sanar y defender de forma constante, porque lo más fácil es quebrantarlas. La indiferencia, el silencio, el miedo... Las amenazas contra la democracia están ahí. Porque el autoritarismo es inabarcable cuando alguien tiene el poder de ejercerlo, y digo esto pensando también en las plataformas digitales y en la importancia de la inteligencia artificial. Mientras hablamos, están saliendo informaciones de forma sistemática que no tienes tiempo de analizar, a pesar de que la sociedad te exige respuestas inmediatas. Eso te obliga a emitir opiniones y juicios que, a su vez, se concatenan con otros como si fueran hechos definitivos, y no lo son. Estamos obligados a analizar resoluciones judiciales que salen hoy, que no deberían de ser públicas y, sin embargo, lo son, y se publicitan simultáneamente, con valoraciones incluidas, con una difusión masiva en las redes sociales, con unos deepfakes tremendos, con los algoritmos que te vuelven loco. ¿Cómo te resistes a todo eso? ¿Qué mecanismos tenemos que tener y qué reflexión tenemos que hacer para que algo que nos está dañando no acabe con nosotros? Con tanta velocidad no hay reflexión posible. Es lo mismo que preguntarse cómo le transmito a alguien que la extrema derecha no es una ideología bondadosa, que no busca el bienestar social entendido como un reparto igualitario de derechos y obligaciones del que todos, en una sociedad democrática, tenemos derecho a disfrutar. ¿Cómo es posible que sectores de la juventud o de las clases populares acepten esos planteamientos sabiendo que son falsos? Entonces, claro, la cabeza a uno le da vueltas. Yo soy andaluz: ¿cómo ha podido Vox colocarse en algunos puntos de Almería como primera fuerza? La única explicación que encuentro para que en El Ejido haya triunfado la extrema derecha es que aceptamos la posición de los migrantes como esclavos. ¿Qué estamos haciendo para que esto sea así? A todo esto trato de dar algunas respuestas, con algunas reflexiones analizando esa realidad social, pero también partiendo de la experiencia y los planteamientos que creo que deben de dirigirse a consolidar esa arquitectura de derechos. ¿Se está destruyendo el derecho internacional? Hay una parte del libro donde me planteo la afirmación como pregunta: ¿el derecho internacional ha muerto? La respuesta que me doy es que no, pero es complicado. ¿Qué haces frente a alguien que te destruye absolutamente o que sanciona a los miembros de la Corte Penal Internacional? Es muy grave, pero trato de no ser absolutamente derrotista, sino poner de manifiesto las dificultades y, sobre todo, hacerlo de una forma fácil de leer. Lo que procuro es que nadie, ni yo mismo, me pueda decir "no hiciste todo lo que podías hacer", y al menos compartir lo que tengo dentro. El que quiera leer, que lea. El que quiera entender, que entienda. Pero lo que no voy a hacer es afirmar la frase del que pueda hacer, que haga. Yo lo digo en sentido inverso: oiga, el que pueda hacer que haga, no. El que quiera entender, que entienda lo que esa frase previa comporta como amenaza contra la democracia. ¿Se percibe un verdadero refinamiento antidemocrático que recorre el planeta como una tormenta en tiempos oscuros en los que el fascismo gana terreno? Sí, porque, fíjate, ya no se estilan los golpes de Estado a la antigua usanza, ahora es mucho más refinado. Se trata de vaciar las instituciones, hacer lo que yo denomino democracia recitativa, en la que aparentemente tenemos todos los derechos, pero vaciados de contenido. Decimos que defendemos la democracia y hacemos todo lo necesario para acabar con ella. Decimos que defendemos los derechos y el principio de presunción de inocencia, incluso en declaraciones del Consejo General del Poder Judicial, cuando lo que hay encima de la mesa es la opinión de dos políticos con responsabilidad diciendo que, bueno, quizás los jueces no están cumpliendo lo que deben porque están focalizando su actuación contra un grupo político determinado. Lo que sí está constatado es que el derecho de defensa de las personas afectadas se ha ido a tomar viento, porque ya está masacrado. Ese es un componente peligroso y no puedes decir nada porque te puede suponer complicaciones que no necesariamente consisten en que te vayan a dar un forrazo, no, basta un titular. Y luego vete a rectificar, a buscar los motores de los algoritmos. Por eso, al final, dices "pues qué le vamos a hacer". ¿De ahí la necesidad de "acabar con las investigaciones penales prospectivas que solo tienen como finalidad destruir a las personas físicas y jurídicas"? Sí, e incluso a veces se hacen inconscientemente. No estoy acusando a jueces de que lo están haciendo intencionadamente, pero hay veces que el contexto social en el que se mueven algunas investigaciones tiene unos intereses espurios muy concretos. Tienes que tener muy claro lo que haces desde las instituciones. No es lo mismo desarrollar una campaña corrosiva de comunicación desde una empresa privada o desde posiciones individuales que dejarse llevar por ellas desde una institución. Eso es muy peligroso, la posición es totalmente asimétrica. Cuando tú tomas decisiones desde un poder constituido, en este caso puede ser el judicial, tus decisiones tienen una trascendencia muy importante y definitiva. Las otras afectan al desarrollo de la convivencia social que, al fin y al cabo, cada uno la soportamos como podemos. El libro enumera un listado de amenazas muy concretas a la democracia. ¿Es fundamental tenerlas bien localizadas para intentar atajarlas? No son las únicas, empiezo por los mercados y vehiculo varias amenazas en el ámbito del poder judicial. Hay también, en el capítulo de la corrupción, una serie de recetas o consejos sobre qué se puede hacer y  qué se debería hacer. Están extraídas de la experiencia, del análisis, y son cosas teóricamente posibles y nada extrañas. Que nadie diga después que en algún momento no le dijeron que esto era un riesgo y que podíamos hacerlo y no lo hicimos. Que cada uno asuma su responsabilidad. Cuando hablo de los lobbies y pongo en cuestión ese fenómeno, digo que sería bueno que los grupos políticos, ya que hay iniciativas legislativas sobre los lobbies que están languideciendo, se pusieran de acuerdo porque representan a los ciudadanos. Y si todos estamos clamando ahora a voz en grito que los lobbistas, los expresidentes, los de antes, los de ahora y me temo que los siguientes también, hacen una actividad que puede ser legítima si fuera legal o estuviera cubierta legalmente, hagámoslo. O la instrumentalización de la justicia a través de querellas populares, desde el ejército de la acción popular, que defienden intereses corporativos o privados concretos. El lawfare tiene muchas caras. ¿Estamos a tiempo de salvar nuestra propia democracia? Hay posibilidades de que no vayamos a un estadio todavía más degradado, pero tenemos que asumir nuestra propia responsabilidad. Cuando yo antes decía que sabemos que la extrema derecha no nos va a salvar los derechos, sino solo aquellos que le interesen, ahí hay una responsabilidad. Cuando decimos que tenemos que ser beligerantes contra la corrupción, no podemos distinguir, es decir, no podemos no hablar de Kitchen o de Gürtel como si esto no fuera una trama contra el PP y no una trama del PP, porque eso quiere decir que no has aceptado todavía veintitantas sentencias, causas judiciales y bastantes condenas con sentencia firme. Es verdad que hay asimetría de poder, pero si cada uno hiciéramos lo que corresponde... A mí me decían que era un brindis al sol la defensa o la investigación de los temas de Chile y Argentina, pero se consiguieron avances. Cada uno tenemos que hacer aquello que podamos y que debemos hacer, y que no se toquen los derechos que hemos consolidado. Porque si aceptamos que se toquen, vamos a sufrir las consecuencias. Y no será culpa de ellos, sino de todos.

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