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Son tiempos de resiliencia. Es más que probable que haya escuchado este término que se antoja como factor fundamental para nuestro bienestar físico y mental. La psicología positiva subraya que este concepto que la literatura científica define como la capacidad de adaptarse y recuperarse ante situaciones difíciles, puede entrenarse mediante estrategias como la aceptación, el pensamiento flexible y el fortalecimiento del apoyo social. Aunque el término sea relativamente nuevo - la Real Academia Española lo reconoce desde 2014 - su uso lo motiva una idea bien antigua: ante una crisis o un problema saber resistir o adaptarse a él. Una gestión de la adversidad de la que hablan varios escritores estoicos como Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, y que en nuestros días promueven pensadores como Boris Cyrulnik, Mario Alonso Puig o Lama Rinchen, quien en una de sus últimas publicaciones en las plataformas digitales sostiene que «incluso aceptar la muerte nos permite vivir mejor». Durante su participación en el pódcast 'Tengo un plan', conducido por los emprendedores Sergio Beguería y Juan Domínguez, el monje budista reflexiona en uno de los capítulos sobre cómo disminuir el sufrimiento aunque sucedan cosas malas. Aceptar la realidad como punto de partida para vivir con mayor equilibrio es una de sus premisas, aunque subraya que la aceptación no implica resignación, sino comprensión profunda de que todo cambia, incluido el propio cuerpo, y en última instancia, la muerte. Integrar esta idea, explica, evita que los acontecimientos inevitables se perciban como una amenaza constante. El maestro de meditación formado en la tradición tibetana insiste en que no es necesario acudir a escenarios extremos para entender el sufrimiento. Pone como ejemplo situaciones cotidianas, como una simple discusión de tráfico. «Reaccionamos de forma desproporcionada, como si nos hubiera pasado algo grave», afirma. Este tipo de respuestas, añade, reflejan una falta de resiliencia y un exceso de impulsividad que amplifica el malestar innecesariamente. «Nos ahogamos en un vaso de agua», sostiene el divulgador uruguayo, que propone un entrenamiento progresivo del autocontrol en situaciones normales de la vida. «Debemos lograr más equilibrio y más karma. Muchas veces parece que trabajar tu lado espiritual es solo cuando meditas o estás en un templo, pero creo que muchas veces el mejor ejercicio es la vida real y las cosas que van sucediendo en ella. Debemos tener más empatía por los demás, a tener más paciencia, tener más coherencia...», reflexiona. Cuando ya se reacciona mal en la discusión, el monje recomienda actuar como si se tratara de «apagar un incendio». En esos momentos, sugiere recurrir a herramientas fisiológicas, como la respiración profunda, para recuperar la calma y cortar la escalada emocional. No obstante, advierte de que la clave está en la prevención. «Los tontos padecen los problemas, los inteligentes los resuelven, pero los sabios los previenen», indica. Para el budista, lo determinante no es lo que ocurre, sino el estado interno con el que se afrontan las situaciones. «Entrenar la mente es desarrollar más virtud, más altruismo, amor, compasión, desarrollar más presencia, equilibrio atencional y desarrollar más equilibrio cognitivo», concluye el experto, que ahonda en que el autocontrol es la vía más efectiva para reducir el sufrimiento diario.
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