Diario CÓRDOBA
Pablo Alborán habla de Sevilla como quien vuelve a una casa en la que siempre le han querido bien. Recuerda aquella sala Caramelo en la que tocó por primera vez en la ciudad, con cientos de personas esperando en la puerta sin entrada, y también ese “cariñazo” que, asegura, ha sentido después en auditorios, estadios y cada escenario sevillano que ha pisado. Para el malagueño, Sevilla no es solo una parada más en el mapa: es un lugar de encuentro con amigos, con Andalucía y con una manera de entender la música desde sus raíces.
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