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Un San Isidro de grandes cifras y debates aún abiertos y sin resolver | Collector
Un San Isidro de grandes cifras y debates aún abiertos y sin resolver

Un San Isidro de grandes cifras y debates aún abiertos y sin resolver

Terminó San Isidro 2026.Y lo primero que hay que decir es que ha sido una feria de éxito en lo numérico. Diecisiete carteles de “No hay billetes” durante el abono. Dieciocho si añadimos la Corrida In Memoriam. Más de medio millón de espectadores pasando por Las Ventas. Nueve Puertas Grandes. Y una sensación evidente: Madrid sigue siendo el motor de la tauromaquia. Porque en ningún otro lugar ocurre esto. En ningún otro lugar se llena una plaza durante un mes entero para ver toros. Y eso, antes de entrar en cualquier otro análisis, merece ser destacado. Además, la feria ha dejado triunfos importantes. Los novilleros han vuelto a dar una lección de hambre y ambición. Ahí quedan las Puertas Grandes de Álvaro Serrano, Julio Norte y Julio Méndez, además de la irrupción de nombres como Mario Vilau. Entre los matadores, la Puerta Grande de Alejandro Talavante queda ya lejos en el calendario. Como la de Adrián, muy exigido esta feria. La de Urdiales nos deja el recuerdo de un poso de madurez y pureza y Ferrera, una salida a hombros de difícil calificación por su arrolladora personalidad. La última fue la de Román, la emoción y desnuda verdad de un torero que se crece en la plaza de Las Ventas como lo demostró ante un encastado toro de Victorino. Si miramos DNI, toreros veteranos, en su mayoría... El relevo generacional al que tanto apelamos quedó en entredicho. Los Borja Jiménez, Víctor Hernández más allá del valor, o David de Miranda, pese a cortar una oreja, no han terminado de rematar lo apuntado. De entre los más jóvenes, destacar eso sí, las actuaciones de los más nobeles Jarocho, Manuel Diosleguarde e Ismael Martín. Tres notas positivas de tres toreros a los que nos gustaría volver a ver este año en Madrid. Otros diestros con vitola de figura han pasado sin dejar ninguna huella. Los sevillanos Pablo Aguado y Juan Ortega, Emilio de Justo o José María Manzanares salen tocados del ciclo isidril. A caballo, Diego Ventura y cinco más. El rejoneador de La Puebla volvió a marcar diferencias y alcanzó su vigésima puerta grande en Las Ventas. Más allá de datos estadísticos, su carisma y toreo está a años luz el resto de rejoneadores. Y por encima de los nombres, el toro. Porque esta feria ha tenido muy buen nivel ganadero. Ahí quedan las corridas de Fuente Ymbro, Núñez del Cuvillo, Victorino Martín, El Torero o Juan Pedro Domecq. Hubo toros sueltos casi todos los días... a excepción de los encierros de Vellosino, Puerto de San Lorenzo y Partido de Resina. Y por encima de todo ello, ese "Cantaor" de Victoriano del Río que quedará como uno de los toros de la temporada. La bravura total de un hierro madrileño que este domingo volvía a conmover con “Soleares” del hierro de Toros de Cortés... Le queda la Beneficencia a don Victoriano... Pero sería irresponsable quedarnos solo con los números. Porque la feria también deja motivos para la preocupación. El primero, el ambiente. Madrid siempre ha sido una plaza exigente. Debe seguir siéndolo. Pero una cosa es la exigencia y otra la tensión permanente. La polarización creciente que se vive en los tendidos no ayuda a nadie. Ni al espectáculo ni a la propia afición. La pelea vivida en la grada 7 durante la feria debería servirnos para reflexionar. Nadie es propietario de Las Ventas. Madrid es de todos los que pasan por ella con respeto. Se puede protestar. Se puede discrepar. Se puede y se debe exigir. Y, por supuesto, se puede debatir. Pero siempre desde el decoro y el respeto. Y tampoco ayuda precisamente un palco presidencial que ha vuelto a transmitir demasiadas dudas. No se trata ya de una oreja más o menos. Ni de una Puerta Grande concreta. Se trata de la sensación de improvisación. De criterios que cambian según la tarde, según el presidente o según el ambiente. Y una plaza como Madrid necesita exactamente lo contrario: conocimiento, uniformidad y rigor. Porque cuando el palco deja de generar confianza, el debate se traslada inevitablemente al tendido. Y ahí empieza parte del problema. Con todo, San Isidro vuelve a cerrar dejando una conclusión positiva. La tauromaquia sigue teniendo una enorme capacidad de convocatoria. Sigue generando interés. Sigue produciendo nuevos nombres. Sigue emocionando. Que hay margen de mejora, por supuesto... y hay que analizar todo para buscarlas y plasmarlas. Ahora toca que todos estemos a la altura. Los toreros. Los ganaderos. Las empresas. Los presidentes. Y también los aficionados y por supuesto, la prensa. Porque Las Ventas sigue siendo el espejo donde se mira el toreo. Y conviene que el reflejo siga mereciendo la pena.

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