COPE
La Universitat de Girona (UdG) ha decidido endurecer su lucha contra el fraude académico, poniendo el foco en el uso de dispositivos electrónicos durante los exámenes. El rector de la institución, Josep Calbó, ha anunciado en el programa “Herrera en COPE Cataluña” una actualización de la normativa que busca atajar de raíz la "cultura de la trampa". Las nuevas medidas son contundentes y van desde el suspenso inmediato de la asignatura hasta la apertura de un expediente que podría derivar en la expulsión temporal del alumno. La principal novedad es la explicitud con la que se aborda el fraude tecnológico. La normativa ahora detalla que "la utilización o intento de utilización, o el simple hecho de tener, cualquier sistema o dispositivo que permita la comunicación con el exterior" será sancionado. Esto incluye teléfonos móviles, relojes inteligentes, auriculares o cualquier aparato similar, ya sea que se tenga "a mano o, por desgracia, por despiste", según ha matizado Calbó. La consecuencia es automática: un cero en el examen y la suspensión de la asignatura. El rector ha explicado que la sanción no se detiene en la nota. La posesión de estos dispositivos durante una prueba "podría representar la apertura de un expediente". Este procedimiento disciplinario, dependiendo de la gravedad del fraude, "podría también comportar afectos de mal susto, como la expulsión temporal de la Universidad". El objetivo es dejar claro que las trampas tienen consecuencias serias más allá de la calificación académica. Para la UdG, esta medida es una cuestión de principios. Josep Calbó ha defendido la necesidad de formar profesionales íntegros y ha alertado sobre los peligros de normalizar el engaño. "Es inadmisible, hemos de cuidar que los estudiantes no entren con una cultura de la trampa", ha afirmado. En este sentido, ha utilizado un ejemplo muy gráfico para ilustrar la importancia de la honestidad académica: "nadie querría estar en el futuro pasando por un puente que ha hecho un ingeniero que ha aprobado con estos sistemas". Además de la integridad profesional, Calbó ha señalado otro factor clave: la equidad. El rector ha recordado que las tecnologías utilizadas para copiar "tienen un coste", lo que genera una brecha de desigualdad entre los estudiantes que pueden permitírselas y los que no. Con esta normativa, la universidad busca garantizar que todos los alumnos compitan en igualdad de condiciones, basándose únicamente en su esfuerzo y conocimiento. Para asegurar el cumplimiento de la normativa, la UdG dispone de algunos dispositivos de detección de radiofrecuencias, aunque su uso será, de momento, limitado. Calbó ha calificado su implementación como una "prueba piloto" que se aplicará de manera "muy puntual". La razón es que un uso masivo requeriría una regulación específica para contemplar excepciones, como el caso de "una persona que tenga un dispositivo médico". La universidad ha hecho un esfuerzo por comunicar estas nuevas reglas a toda la comunidad. Según el rector, se ha informado internamente a los estudiantes para que nadie pueda alegar desconocimiento. "Lo hemos querido hacer explícito en la normativa para que no puedan decir que no lo sabían", ha insistido Calbó. El mensaje es claro y busca ser un recordatorio para toda la sociedad: "no queremos aceptar de ninguna manera que la trampa sea la manera de hacer en la actividad profesional".
Go to News Site