La Opinión de Murcia
Durante buena parte de la historia de la vida, el planeta fue un lugar sorprendentemente tranquilo. Demasiado tranquilo, de hecho. Los primeros animales conocidos de la Tierra vivían en el fondo de los océanos, se alimentaban sin moverse, carecían de boca, órganos y cerebro, y se reproducían haciendo copias de sí mismos. Sin dramas, sin grandes rivalidades y, aparentemente, sin demasiadas ganas de innovar. Tanto es así que apenas había diversidad biológica en el planeta. Este fenómeno, investigado durante décadas, ha suscitado innumerables preguntas para tratar de entender por qué durante millones de años la evolución pareció quedarse 'estancada' en estas formas de vida y, sobre todo, qué ocurrió para que de golpe brotaran tantas nuevas especies. Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Cambridge afirma que la respuesta a esta incógnita podría ser que durante demasiado tiempo nadie tuvo sexo. Y eso supuso un problema para la vida en sí misma.
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