Vanguardia
Hace un par de meses, recorriendo el Museo del Prado en Madrid, revisitamos la obra del pintor español Gregorio Martínez, “Prometeo encadenado”, de belleza aterradora. El artista pintó a Prometeo padeciendo eternamente el castigo de Zeus: un águila devorándole el hígado. Era la pena que el Olimpo imponía a quien osaba levantar el velo de los hombres. Prometeo era un dios que nos amaba; él mismo nos había esculpido, haciéndonos de barro y diseñándonos en posición erecta para que pudiéramos mirar a los dioses de frente.
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