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La reciente visita del Papa León XIV a Madrid ha congregado a miles de jóvenes y fieles en torno a diversas celebraciones religiosas. Entre ellos, un grupo de 350 jóvenes de Navarra, organizado por la Delegación de Juventud del Arzobispado de Pamplona y Tudela, ha vivido un intenso fin de semana de encuentro y fe. Varios de sus integrantes, Paco Martín de Vidales, Margarita Jaurrieta, Teresa Gómara, Fermín Barangúan y Jesús Arellano, han compartido la resaca emocional de una experiencia que califican de inolvidable. Las primeras impresiones de los peregrinos navarros reflejan una profunda conmoción. Paco Martín de Vidales todavía siente "un gozo sostenido por la presencia del papa". Por su parte, Margarita Jaurrieta asegura tener "un gozo muy profundo en el corazón", mientras que Teresa Gómara resume el sentir general con una frase contundente: "estamos todos agotados, pero felices". Jesús Arellano añade que, pese al cansancio, "esa luz del mundo que estamos buscando [...] ha brillado en la cara de todos los chavales". Para Fermín Baranguán, que ya había visto al Pontífice durante el Jubileo, esta ocasión ha sido "distinta" por sentir que jugaba "en casa". Él y Paco Martín de Vidales tuvieron el privilegio de situarse muy cerca del Papa, sin necesidad de recurrir a las pantallas para verle. "Era escucharle pero a la vez mirarle, entonces, sí, es como que las palabras, pues, sonaban todavía más más cercanas", explica Fermín sobre la fuerza del momento vivido. Paco Martín de Vidales, como uno de los organizadores, destaca del mensaje del Pontífice su insistencia en "la necesidad del silencio en la oración" y en "ser fieles a la verdad". Además, resalta que el Papa citó a varios santos como referentes, "muy especialmente San Juan Crisóstomo", y considera que el conjunto de sus intervenciones del fin de semana supone "una síntesis de fe, de moral" que sirve para "confirmarnos en la fe". Las largas esperas para acceder a los actos multitudinarios se sobrellevaron gracias a la "alegría contagiada" y al "ambientazo" general. Según relatan, los peregrinos iban "totalmente equipados", y gestos como el agua que les lanzaban desde las casas cercanas o los conciertos organizados ayudaron a amenizar las horas de aguardo, convirtiendo la paciencia en parte de la experiencia comunitaria. La jornada del sábado fue especialmente exigente. Tras el fin de la vigilia, el grupo de 350 navarros regresó a su alojamiento, pero entre las duchas y los preparativos para el día siguiente, apenas durmieron dos horas. A las cinco de la madrugada ya estaban en pie para asegurarse un buen sitio en la misa del domingo, en un sacrificio que afrontaron con entusiasmo. A pesar del madrugón extremo, la ilusión pudo con el cansancio. Uno de los responsables del grupo arengó a los jóvenes con una frase que provocó una reacción inmediata: "Sé que estamos todos reventados, yo el primero, pero esto es ver al papa". Según cuentan, "se levantó todo el mundo como automáticamente con la cabeza gacha y ojos cerrados, pero ya andando a recoger todo". El esfuerzo tuvo su recompensa. El domingo, el grupo se ubicó en el sector W6, "todos juntos a la sombra" y relativamente cerca del escenario de Cibeles. Paco Martín de Vidales subraya que en la misa dominical había un público más amplio, incluyendo "familias enteras" y "niños muy pequeñitos". También destaca el "ambiente precioso" entre los casi 6.000 sacerdotes que concelebraron, una cifra que superó con creces las previsiones iniciales. Teresa Gómara está convencida de que esta visita papal anima a los jóvenes a vivir la fe "de manera más pública y no tan individualista". Sostiene que ver a 1,5 millones de personas reunidas desmonta el prejuicio de que "el cristianismo es una fe de abuelos [...] antigua y pasada de moda". "Es un encuentro que yo creo que no te deja indiferente", afirma, y añade citando a un santo: "El Papa es el dulce Cristo en la tierra, no te puede dejar indiferente". En la misma línea, varios de los asistentes coinciden en que estos encuentros ayudan a romper barreras y a superar el sentirse "bichos raros" por sus creencias. Comprobar que "realmente no están solos" y ver cómo otros expresan "esa alegría profunda que da la fe" se convierte en "un empuje" para manifestar la fe sin miedo ni complejos. A Fermín Baranguán le impactó especialmente "ver cómo Madrid entera estaba movilizada". El joven navarro describe una ciudad volcada, con "autobuses públicos con banderas del vaticano, todos los balcones, todo el mundo en la calle". Para él, fue la constatación de que "Cristo está vivo" y de que España "es una tierra donde él reina". Preguntado por su momento preferido, Jesús Arellano no duda en señalar la adoración durante la vigilia del sábado. "Ese silencio... O sea, quién escapa de enmudecer Madrid de esa manera fue espectacular", recuerda emocionado. Describe cómo, a pesar de estar rodeado de una multitud, fue "un momento superíntimo" mientras el sol se ponía. Paco Martín de Vidales también ha valorado muy positivamente el discurso del Pontífice en el Congreso de los Diputados, del que ha destacado "el vigor del papa" al tratar "cuestiones de moral" como "el respeto en la defensa de la vida". La experiencia ha dejado tal huella en el grupo que ya tienen la vista puesta en su próximo viaje para ver al Papa: será en Lourdes el próximo mes de septiembre.
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