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Jaime Clara (Uruguay, 1965) recorre la península con su libro de cuentos bajo el brazo. Periodista, caricaturista, escritor y presentador del informativo Telenoche de Uruguay, es, como él mismo ironiza, «un auténtico desconocido» en territorio de La Mancha. Sin embargo, las tres presentaciones de su nuevo libro 'Cambio de hora' (Ediciones Velasco, 2026) se llenaron. El lector español ha sabido conectar con los veintidós relatos que se reparten a lo largo de una obra construida con tensión de principio a fin. El mismo autor admite que quiso «guiarse por la retrospección y el estado anímico», pero no de manera consciente. Esta vez aprovecha su talante periodístico, aproximándose más a lo fantástico y dejando de lado la propuesta desplegada en su obra anterior 'En la larga noche' (Seix Barral). A Clara las ideas le llegan caminando o dando un paseo por la Rambla de Montevideo. Con la misma ironía que destilan muchos de sus personajes asegura que «sus fuentes son diversas, lo que demuestra la falta de idea personal». Sus relatos nacen de la necesidad de búsqueda y aplica la exigencia de Ricardo Piglia (dos historias en una con un giro final). « Soy lector de cuento como soy muy oyente de radio. A un cuento le exijo que me enganche. En los libros anteriores había demasiada cercanía a mi entorno. En este libro he optado por temas nuevos como asuntos negros y policiales». Así nacieron relatos como 'Día de pesca', a partir de la novela 'Caza y pesca' de Roberto Santulo; 'Sin querer querido', un relato basado en la sintonía del Chavo del Ocho cuando descubrió que era de Beethoven vía Jean-Jacques Perrey. Si hay algo que caracteriza este compendio de Jaime Clara es la presencia constante de la música. «La canción es una historia contada en tres minutos», explica. De ese oído musical nacen relatos como 'El mutilero', 'La resaca del olvido' o 'La última canción', esta sobre el suicidio de Luigi Tenco en el Festival de San Remo de 1967. Clara no ha podido olvidar del todo el germen periodístico y ha querido añadir «unas notas al pie que acompañan y contextualizan ciertos puentes entre la canción y el lector español». El cuentista uruguayo convierte la canción en materia narrativa (el tango y folklore). Todo cabe en sus relatos si hay una historia que contar: «Lo de las canciones tiene que ver con el ejercicio periodístico. Cuando entrevisto a actores que preparan un personaje, ellos fuera del escenario, se imaginan cómo sería la vida de ese personaje: cómo come, ríe o lo que sueña. Con las canciones me sucede algo parecido, pues me interesa qué pasa más allá con los personajes una vez que se termina la canción». Clara defiende que «considerar el cuento un subgénero es terrible e injusto». Insiste en que él creció con la tradición uruguaya de Onetti, Quiroga o Francisco Espínola. También rechaza la urgencia del mercado editorial con la novela. «Entiendo que la editorial pida novela porque es lo que se vende. Sin embargo, hay lectores que no quieren eso. Hay quien quiere el relato corto, la variedad. Yo soy lector de novela, pero no entiendo por qué como género el cuento está infravalorado. Quizás hay algo de responsabilidad de los escritores. Algunos han reconocido que después de una novela de largo aliento, optan por el cuento para rebajar las revoluciones». En una primera instancia, el libro se iba llamar 'La última canción', pero ya existían muchos títulos con ese nombre. «Es difícil encontrarle un paraguas a un libro de cuentos que engloba tantos ejes temáticos», reconoce el autor uruguayo. El cuento 'Una hora que vuelve' situado casi al final fue clave para encontrar ese elemento capaz de englobarlo todo. Un escritor ficticio ( Millás ) cree dominar el tiempo con sus manos y moldearlo a su manera hasta que le toca enfrentarse a sí mismo y las horas perdidas. «Si bien ese relato se encuentra en el cierre de la obra. Desde hace unos años empecé a leer los libros de cuento en cualquier orden», explica sobre el reto que supuso darle forma a una obra que abarca temas plurales. En cada uno de los relatos de Clara hay tiempo para la ironía, el humor y las reivindicaciones. El propio autor afirma que de sus cinco libros publicados es «el que tiene más humor». Antes de despedirse con su libro bajo el brazo ironiza con que los uruguayos son media tabla: «No somos caribeños eufóricos ni una sociedad oscura y jorobada como los nórdicos. Estamos en la media tabla en todo; lo bueno y lo malo».
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