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'Diez veces Sábat': Todas las vidas de un genio del silencio | Collector
'Diez veces Sábat': Todas las vidas de un genio del silencio

'Diez veces Sábat': Todas las vidas de un genio del silencio

El pasado martes 8 de junio, un Olavide Bar de libros en Madrid lleno hasta la bandera sirvió como un lugar de encuentro y celebración de la cultura periodística rioplatense. Allí se presentó ' Diez veces Sábat' , un libro escrito por la periodista Diana Baccaro y editado por el diario Clarín como parte de la celebración de sus 80 años, dedicado a explorar la profunda huella que dejó el artista y periodista Hermenegildo «Menchi» Sábat . El evento, que reunió a un panel de lujo compuesto por el editor general de Clarín, Ricardo Kirschbaum , quien se encargó de la presentación; el periodista Juan Cruz , quien hizo de maestro de ceremonias; por supuesto, la autora del libro Diana Baccaro; y los ilustradores Manuel Álvarez Junco y Agustín Sciammarella . Se transformó rápidamente en un viaje íntimo hacia la redacción de otra época y, sobre todo, hacia la mente de un hombre que relató la historia argentina sin pronunciar una sola palabra. El título de la obra no es casual. Como explicó Diana Baccaro, a lo largo de su investigación buscó desentrañar a todos los «Sábat» que convivían dentro de Hermenegildo: el maestro, el fotógrafo, el poeta, el pintor, el editor y el músico. Sin embargo, hubo una faceta que se erigió por encima del resto. Cuando debía llenar las planillas de registro en los hoteles, ante la pregunta por su profesión, Sábat escribía: «soy demócrata ». Baccaro fue contundente al definir este rasgo rector: «Pudo haber sido el mejor caricaturista, el mejor músico, fotógrafo etc. pero sobre todo él fue un demócrata». Esa convicción se traducía en su inquebrantable distancia con los gobiernos de turno, bajo la premisa de que cuanto más lejos estuviera del poder, más libertad tendría para ejercer como el editorialista gráfico que era. Sábat, nacido en Montevideo, cruzó el Río de la Plata en 1966 para instalarse en Argentina con una regla de conducta que mantuvo hasta el final de sus días. Decidió no usar palabras en sus viñetas. Según citó la autora del libro, Sábat justificaba esta elección con una frase brillante: «En un país donde todo el mundo se pelea por las palabras, yo quiero pelearme por las ideas». Su gran inspiración para esto fue Charles Chaplin , convencido de que si él había logrado hacer reír al mundo entero desde el cine mudo, Sábat también podía «hacer sonreír al lector sin una palabra». Precisamente, este silencio fue su arma más poderosa frente a los momentos más oscuros de la historia argentina. La presentación recordó cómo, aprovechando la celebración del Mundial 78, tuvo la valentía de caricaturizar a la Junta Militar . Su trazo, por supuesto, tampoco se arrugó en tiempos de democracia. Durante el gobierno de Cristina Kirchner , Sábat fue duramente atacado tras publicar en 2008 un dibujo de la entonces presidenta con la boca vendada, y cuatro años después, otro con un ojo morado. Mientras desde el poder lo acusaban de mensajes mafiosos o machistas, sus compañeras de redacción se unieron para tomarse una foto arropándolo, sabiendo que Sábat siempre había sido un caballero que respetaba profundamente a las mujeres y que, en el lenguaje del humor gráfico , el golpe en el ojo representaba una metáfora política muy distinta. Durante la charla, los invitados profundizaron en el agudo método de observación del maestro. Sciammarella matizó que Sábat no buscaba la risa fácil, sino que realizaba una lectura profunda de la realidad, traduciendo de forma impecable la psicología y el carácter de los personajes al papel. En sintonía con esto, Álvarez destacó la imponente presencia y la «esculturalidad» de sus figuras, explicando que el objetivo profundo del caricaturista era «modificar el monolito» del poder. Como ejemplo de esta desfachatez, recordó su genialidad de retratar a «Perón en pantuflas», un detalle que lograba aportarle un «toque doméstico» terrenal a un líder intocable. Por su parte, Baccaro rescató una de las máximas del artista: «Yo me gano la vida mirando caras». Según detalló la autora, Sábat escrutaba a las personas casi como un policía para «sacar el ADN de adentro», bajo la preciosa premisa de que podía «dibujar veinte veces la misma cara, pero nunca el mismo gesto». También contó que, curiosamente, donde él se sentía verdaderamente libre era ante el lienzo , aunque la pintura le supusiera un desafío colosal, similar a plantarse ante una «línea de toros» desde la primera hasta la última pincelada. Esa misma audacia creativa la trasladaba a sus clases. Manuel Álvarez también relató que en su faceta de maestro obligaba a sus alumnos a «poner todo boca abajo» para forzarlos a mirar el arte desde una perspectiva radicalmente diferente. El propósito real detrás de este ejercicio lo aclaró Baccaro: se trataba simplemente de que los estudiantes lograran «perderle el respeto» a gigantes como Picasso para poder empezar a crear desde cero. La crónica del evento en Madrid dejó flotando en el aire la imagen del hombre de redacción . Ese señor que, mientras los semáforos cambiaban de color, chocaba ligeramente su coche porque su mente ya iba dibujando la viñeta del día. El mismo que llegaba a las oficinas de Clarín de traje, corbata, boina y con las manos detrás de la cintura, saludando a sus compañeros con un humilde «¿cómo va el baile?» antes de sentarse a hacer magia. «Diez veces Sábat» no solo celebra a un artista que publicó desde los 12 años y cuya iconografía ya es la memoria colectiva de Argentina. Celebra a un hombre que abrazó a las leyendas —desde Gardel a Troilo, desde Mozart al Jazz— en un estudio pequeñito empapelado de sus ídolos, y que, con los dedos manchados de pintura, demostró que la elegancia y la ética jamás se negocian.

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